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Esencialmente humano

Saludo

 

Amigos Esenciales

 

Tanto gusto en saludarles, me siento muy contento de poder comunicarme con ustedes, así como no pierdo la ilusión de conocerles por algún medio.

De momento solo quería comunicarles que desde el Domingo 06 hasta el miércoles 09 de julio estaré en La Grita, Edo Táchira, presentando dos ponencias y un taller breve

Las ponencias son:

1. Comunicación con tus emociones esenciales

2. Manejo exitoso del tiempo

 

y en el taller breve se hablara sobre como “Volver a Enamorarse”, estas ponencias están siendo manejadas por la gente del Táchira, pero si alguno desea asistir pueden comunicarse conmigo al teléfono 0412-5638870 o a esencialmentehumano@gmail.com. Gracias siempre me ha gustado servirles José Goyo

Pildoras-autoeficacia

Como se vio en la primera parte, el auto-concepto puede verse maltratado debido a la trampa de establecer metas irracionalmente altas y a una ambición desmedida. Es decir, funcionar con un estilo demasiado competitivo, autocrítico y estricto con el propio rendi­miento, a la larga, o a la corta, conduce al fracaso adaptativo. El resultado final será un autoconcepto debilitado, apagado y endeble.

Sin embargo, no exigirse es tan malo como sobreexigirse. El extremo opuesto lo constituyen aque­llas personas cuyas metas son pobres, vacilantes e inse­guras, que desfallecen ante el primer obstáculo y se muestran indecisas ante los problemas. Así como la autoexigencia desmedida destruye y castiga el ego, la falta de ambición impide un buen crecimiento del mismo. Los retos y los propios desafíos son el alimento principal con los cuales se nutre el autoconcepto.

desconfías de ti, no podrás amarte.

A la confianza y convicción de que es posible alcanzar los resultados esperados se la denomina auto-eficacia. La baja autoeficacia te llevará a pensar que no eres capaz. Entrarás en un círculo vicioso, pero por lo bajo. Si no tienes confianza en ti mismo, tus retos persona­les serán pobres, evitarás enfrentar los problemas, el primer obstáculo te hará desertar, te sentirás fracasado y perde­rás nuevamente autoeficacia; lo que a su vez bajará tus metas y autoexigencia. Tu terrible círculo seguirá retro-alimeritándose negativamente y tú estarás perdiendo, cada vez más, seguridad y confianza.

Una alta autoeficacia hará que tus metas sean sólidas, te permitirá persistir ante los imponderables y afrontar los problemas de una manera adecuada.

La autoeficacia es básicamente una opinión afectiva de uno mismo. Dicho en otras palabras, las perso­nas pueden pensar que poseen todas las habilidades y ca­pacidades para obtener determinados resultados y, pese a todo, no estar convencidas de alcanzar exitosamente las metas.

La expectativa de éxito no solamente implica, como aparentemente podría pensarse, un análisis racio­nal y frío de las posibilidades objetivas de éxito (expec­tativas de resultados), sino también la valoración subjeti­va de qué tan capaz se siente el sujeto (expectativa de eficacia). Como cualquier creencia, esta última valora­ción es cuestión de fe y de confianza. La desconfianza en uno mismo barre con las capacidades y habilidades.

El pesimismo es la guía de las personas inseguras.

Si bien la resignación cumple una función adaptativa para nuestra especie, en el sentido de que nos lleva a economizar fuerzas en situaciones donde es inútil intentarlo, es sumamente nociva cuando se utiliza precipi­tada e irracionalmente.

¿Cómo pueden llegar los seres humanos a du­dar de sí mismos y a resignarse ante el sufrimiento y la adversidad sin intentar producir cambios, cuando existe la posibilidad de lograrlo? ¿Cómo se llega a un autoesquema de "perdedor"? ¿Por qué se hacen anticipaciones negativas del propio rendimiento en situaciones fáciles y potencialmente exitosas? ¿Por qué algunas personas se inmovilizan ante la posibilidad de superar las dificulta­des?

Existen varias razones por las cuales las perso­nas se ven a sí mismas como incapaces y derrotadas. El control percibido, o la percepción de la propia capaci­dad para modificar las contingencias inadecuadas e in­convenientes, se configuran con base en las propias expe­riencias de éxito o fracaso y en la manera de procesar esa información.

Las investigaciones en psicología indican que al menos tres factores parecen estar asociados a los problemas de autoeficacia: la percepción de incontrolabilidad, el punto de control y los estilos atribucionales. Analizaré cada uno por separado.

1.Píldoras de mis lecturas


Amigos en todas mis lecturas siempre consigo enseñanzas que me parecen determinante para el crecimiento personal. ¿Ahora cuantas de ellas se quedan en el libro, guardado en un estante? ¿Cuántos de nosotros tendrá la posibilidad de leerlas? Por eso me ha parecido interesante ponerlas a la disposición de ustedes. “Píldoras de mis lecturas” serán textos o párrafos que expresan enseñanzas claves para todo ser humano de algún libro que haya leído.

Me gustaría, como he pedido en diversas ocasiones, que se animen a dejar algún comentario en los artículos o puedan dejar cualquier duda o pregunta en el foro de autodescubrimiento.

Igualmente pendiente que estoy preparando un apartado con audiolibros, últimamente he visto que me es mas fácil escuchar un libro que leerlo, así aprovecho el tiempo inevitable que he de pasar en colas en el trafico o en los bancos o comercios. Publicaré la lista de audiolibros que son bastantes, especialmente en temas de crecimiento personal, para todo aquel que se interese, me lo pida y pueda enviárselo a su correo. Espero que este nuevo aporte sea de ayuda, gracias una vez más.

Su amigo

José Goyo

Primer aporte

Libro: Aprendiendo a quererse a sí mismo Autor: Walter Riso

Primer resumen:

Quererse a sí mismo es quizás el hecho más importante que garantiza nuestra supervivencia en un mundo complejo y cada vez más difícil de sobrelle­var. Curiosamente, nuestra cultura y educación se orien­tan a sancionar el quererse demasiado. Es mal visto que nos demos demasiado gusto. Cuando pensamos en nosotros mismos por demasiado tiempo, nos contemplamos o nos autoelogiamos, se nos reprende.

Nuestra civilización intenta inculcar princi­pios como el respeto al ser humano, el sacrificio, el al­truismo, la expresión de amor, el buen trato, la comuni­cación, etc., pero estos principios están dirigidos al cuidado de otros humanos. El autorrespeto, el autoamor, la autoconfianza y la autocomunicación no suelen te­nerse en cuenta. Más aun, se considera de mal gusto el quererse demasiado.

Si una persona es amigable, expresiva, cariñosa y piensa más en los otros que en ella mis­ma, es evaluada excelentemente: su calificativo es el de "querida". Si alguien disimula sus virtudes, niega o le resta importancia a sus logros, es decir, miente o se autocastiga, ¡es halagado y aceptado!

No sólo rechazamos la autoaceptación honesta y franca, no nos importa que sea cierta o no, sino que promulgamos y reforzamos la negación de nuestras virtudes.

Si el ser humano merece el respeto que se promulga por ser algo especial, eso debe hacerse extensivo a tu propia persona. Por evitar caer en la pedantería insufrible del sabeloto­do, hemos caído en la modestia autodestructiva de la negación de nuestras virtudes.

La inmunidad al flagelo de la depresión solo se logra si aprendes a quererte. Como las mejores cosas, nece­sitas un trato especial. No puedes permitir que se te las­time, ni darte el lujo de autodestruirte estúpidamente.

Desde pequeños nos enseñan conductas de autocuidado personal: lavarnos los dientes, bañarnos, cortarnos las uñas, comer, controlar esfínteres y vestirnos. ¿Pero qué hay del autocuidado y de la higiene mental? No se nos enseña a querernos, a gustarnos, a contemplarnos y a confiar en nosotros mismos. Ade­más, aunque algunos padres tenemos esto como un desiderátum. .

La imagen que tienes de ti mismo no es here­dada o genéticamente transmitida. Tal como se despren­de de lo dicho hasta ahora, es aprendida.

Así corno construyes una representación interna del mundo que te rodea, también construyes teorías y conceptos sobre ti mismo. Los fracasos y éxitos, los miedos e inseguridades, las sensa­ciones físicas, los placeres y disgustos, la manera de en­frentar los problemas, lo que te dicen que eres, lo que no te dicen, los castigos, etc., todo confluye y se organiza en una imagen interna sobre tu propia persona: tu yo o tu autoesquema. Puedes pensar que eres torpe, feo, inte­resante, inteligente o malo. Cada uno de estos calificati­vos son el resultado de una historia previa, donde has ido gestando una "teoría" sobre ti mismo. Si crees ser un perdedor, no intentarás ganar. Te dirás: "Para qué inten­tarlo, yo no puedo ganar" o "es imposible cambiar" o "no valgo nada".

En resumen, lo que piensas y sientes acerca de ti mismo es aprendido y almacenado en forma de teorías llamadas autoesquemas. Hay autoesquemas positivos y negativos. Los primeros te llevarán a estimarte, los segundos, a odiarte. Si la visión que tienes de ti es negativa, no te expresarás afecto, pues no creerás merecerlo. Si tu autoesquema es positivo y no lo alimentas, se desvanecerá. Algunas personas, en lugar de felicitarse, disimulan su alegría con un parco y flemático:"No es nada" o "era mi deber". La negación del recono­cimiento personal es una forma de auto destrucción.

En los autoesquemas se entrelazan cuatro as­pectos fundamentales que, para fines didácticos, intenta­ré separar. En realidad, se fusionan en un todo indisolu­ble y conforman el núcleo principal de la autovaloración personal. Pueden convertirse en sólidos cimientos sobre los cuales podrás edificar un yo fuerte y seguro, o en la principal fuente de autoeliminación y automenosprecio. Ellos son: el Autoconcepto (qué piensas de ti mismo), la Autoimagen (qué tanto te gustas), la Autoestima el autorefuerzo (qué tanto te premias) y la. Autoeficaáa (qué tanta confianza tienes en ti mismo). Son los cuatro so­portes de un buen ego,

Un aspecto interesante para señalar es que las personas con problemas de autoaceptación son dema­siado "duras" con la autocrítica y "blandas" cuando cri­tican a otra gente. En cambio, los sujetos que muestran una buena autoestima se protegen siendo más bien sua­ves a la hora de autoevaluarse. Un acto de suficiencia en beneficio propio. ¿Quién dijo que debíamos ser objeti­vos las veinticuatro horas? De ninguna manera estoy sos­teniendo una actitud compulsiva a engañarse a sí mis­mo. Simplemente, pienso que a veces "hacer la vista gorda" frente a pequeños e insignificantes errores o de­fectos personales es útil para la salud mental. Es preferi­ble una posición optimista de leve sobreestimación, a una actitud desgarradoramente pesimista con uno mis­mo y una actitud positiva para con otros. El amor empie­za por casa.

Pildoras

Autorrecompensa

Es otra manera de autoexpresarte el afecto. La autorrecompema es el proceso por el cual nos autoadministramos estímulos positivos. Aunque parezca extraño, algo tan obvio y claro, intrínseco al ser humano, en nuestra cultura se vuelve confuso y enredado.

Irracionalmente, aceptamos convivir con co­sas que no queremos o nos disgustan, simplemente por­que nos sentimos culpables al salir de ellas. En mi propio clóset encuentro que la mitad de la ropa no me agrada, no me la pongo, pero la dejo colgada. Modificar esas pequeñas-grandes cosas ayuda a sentirse mejor.

El culto al ahorro nos hace almacenar cualquier cosa. Botellas, cables, clavos oxidados, recortes de perió­dicos, etc todo por si algún día......

En mis mudanzas tiro a la basura cajas de desperdicios que he venido guardan­do estúpidamente con mucho cuidado. Atesorar dema­siado lleva a como dice el refrán: "Vivir como pobres y tener un entierro de ricos". No estoy defendiendo el descuido y la irresponsabilidad en el manejo de los bie­nes personales. La idea tampoco es vivir algunos años en la opulencia y los otros en la miseria más espantosa.

El espíritu del ahorro es bueno si se hace con prudencia. Ahorrar no debe convertirse en un fin en sí mismo, sino en una actitud previsora. Tener por tener te ubica del lado de los avaros y gastar por gastar, del lado de los de­rrochadores.

Aunque pueda parecer simplista, si prefieres entregar tu dinero a las farmacias, a los psicólogos y médicos, no te des gustos.

Tú necesitas la autorrecompensa. Al igual que el autoelogio, ella fortalece tu autoestima y no permite el autocastigo, el automenosprecio y la insatisfacción. Evita que te vuelvas insensible a tus logros. Te enseña a autoexpresarte, a ser detallista con tu propia persona y explícito con el propio autorreconocimiento.Tú no eres menos importante que tus amigos o que las otras perso­nas.

Es inútil que intentes una postura de dureza e insensibilidad. Todos somos sensibles a las manifestacio­nes y automanifestaciones de afecto. Nadie es tan fuerte. La carencia del autorreíuerzo no te hará psicológica­mente más recio. No hay callos que puedan desarrollar­se frente a la necesidad innata de amarse.

La fortaleza no está en aceptar tus éxitos y tus logros de manera inque­brantable y estoica, negando que necesites alguna autorre­compensa. Cuando hayas hecho algo que valió la pena, o simplemente porque se te dio la gana, date gusto. Un acto de delicadeza para con tu persona.

Los autorrefuerzos materiales, como comida, ropa, joyas, etc., no son los únicos. Darte gusto implica la autoadministración de cualquier cosa que te haga sentir bien, y que obviamente no sea nocivo para tu salud. Hacer la actividad que te agrada, o dejar de hacer algo desagradable, es otra forma de premiarte. ¿Te premias? ¿Te das gusto?, ¿Cuánto tiempo a la semana estás conti­go? ¿Cuánto tiempo has dedicado en construir un espa­cio agradable a tu alrededor?

Disponer de varias formas de autorrecompensa es organizar un ambiente motivacional sano para tu sa­lud mental. El que sabe quererse deja su marca en todas las cosas. Su territorio está "diseñado" por él. No es un cúmulo de cosas pues­tas por una decoradora porque están de moda.

Ser ar­quitecto de su propio ambiente es uno de los lujos que aún se nos permite y que no aprovecharnos.

Revisa al­gunos aspectos de tu ambiente e intenta remodelarlo en fin, pregúntate si lo que ha construido a tu alrededor contribuye a tu felicidad o tu entierro en vida. Muchos dirán que no es fácil, que el siglo veinte nos lleva demasiado rápido, con estrés y consumismo. Pues con más tazón debernos "refugiarnos’ en un estilo de vida donde compensemos la adrenalina y generemos inmunidad. La autorrecompensa ayuda a este fin.

Pildoras

¿Qué hacer para generar la sana costumbre de autoelogiarse? En primer lugar, debes conectarte a un procesamiento controlado, es decir, hacerte consciente de tu diálogo interno y de lo que te dices cuando has alcanzado un logro. Puedes descubrir que no te dices nada (el éxito pasó desapercibido) o te autocastigas (el éxito ha sido insuficiente para las aspiraciones que po­sees). "Lo debería haber hecho mejor".

El siguiente método te ayudará a adquirir la sana costumbre de autoelogiarte:

El primer paso consiste en hacerte consciente de cómo te tratas y de lo que te dices a ti mismo. Esto se logra llevando un registro detallado duran­te una o dos semanas, donde figure el comporta­miento susceptible de autoelogio y lo que te dices después de realizarlo.

El segundo paso es estar pendiente, ya sin ano­tar, de cuándo haces algo bien hecho para autoelogiarte. En las etapas iniciales, el autoelogio debe ser en voz baja(a solas) para que te puedas escuchar:"¡Eso estuvo bien!","¡Genial!", etc.

El tercer paso consiste en autoadministrarte el autoelogio en voz baja, hasta que se convierta en pensamiento.

El cuarto paso es ensayarlo bastante, para que a través de la práctica se afiance y se vuelva automá­tico, como manejar un carro o escribir a máquina.

En resumen, posees la capacidad innata de ha­blarte a ti mismo y de comprenderte.

Este diálogo encu­bierto, al cual sólo tú puedes acceder, tiene una enorme influencia sobre tu manera de actuar y sentir. Estas autoverbalizaciones tienen el poder de hacerte sentir bien (por medio del halago, el elogio y el trato respetuoso) o mal (el castigo, la burla, el menosprecio y el irrespeto). Si te dices: "Tengo capacidades y por lo tanto debo confiar en mí", te estás autoelogiando. Si te dices: "Soy el ser más ridículo del mundo", te estás irrespetando y tratan­do mal. Si el autoelogio sigue a un comportamiento positivo, este comportamiento se fortalecerá y tendrá mayor probabilidad de repetirse en el futuro. El autoelogio es un arma poderosa que debes cuidar y no usar indis­criminadamente.

errorisfobia

 

¿Conoces la "errorisfobia"? No la busques en los libros, me la acabo de inventar

 

Existe una fobia especial que no está descrita en los libros. Se llama la fobia al error, el miedo a equivocarse.

 

¿Cómo comenzar? Hay muchas maneras de comenzar cosas. Pero pasamos la mayor parte de nuestro tiempo inmovilizados por la inercia que nos da el miedo a cometer errores. Es una fobia cultural, que sólo existe en el mundo occidental y que viene del concepto medieval de "bueno" o "malo" (no existe en otras culturas, como las orientales). Si aciertas vas al cielo; si te equivocas vas al infierno. Este miedo arrastrado por la cultura durante generaciones hace que perdamos muchas oportunidades, que se nos escapen muchas ocasiones a lo largo de la vida. Los japoneses o los chinos no tienen miedo a la equivocación. Los hispanos y anglosajones tenemos miedo de equivocarnos.

 

Una manera sencilla de curar esta fobia es acelerando nuestra buena voluntad de probar suerte, de empezar las cosas y mantenernos ocupados. Cuando pruebas suerte, dos cosas puedes ocurrir:

 

1) que te equivoques

2) que no te equivoques

 

Una persona inteligente sabe aprovechar y sacar partido a ambos resultados.

 

Si no eres un fóbico a comenzar cosas, lo que haces es comprobar la retroalimentación, aprender de ella y volver a comenzar.

 

A) Si da error, vuelves a probar con algo diferente.

B) Si no da error, entonces sigues adelante.

 

Aunque tienen valores diferentes, ambos resultados son la consecuencia de haber empezado. El no comenzar, la inercia de no comenzar, no consigue resultados, no tiene valor. Cualquier número que multipliques por cero es cero.

 

Es lo que hacen los sistemas informáticos. Siempre están haciendo algo (excepto si están apagados). Se mantienen ocupados haciendo bucles y aprenden de cada resultado. Así es como aprendíamos cuando éramos niños, hasta que nos enseñaron a tener miedo a equivocarnos. Si los computadores tuvieran miedo a equivocarse, no nos servirían para nada. Nadie usaría un ordenador que tuviera miedo a equivocarse. Pero los ordenadores no tienen miedo, simplemente trabajan.

 

Cuando comienzas algo, nunca sabes qué ocurrirá. Existe siempre un riesgo, una incertidumbre sobre el resultado. Este riesgo tiene suficiente peso como para mantenernos en la fobia a comenzar. Esta fobia a comenzar muchas veces se disfraza con máscaras diferentes y trata de parecer algo diferente de lo que realmente es. Se trata de miedo, pero tras estos disfraces las personas adoptan las máscaras de críticos, de analizadores, de estudiosos, de controladores, de previsores. Pero no hay posibilidad de criticar, ni de analizar, ni de estudiar, ni de controlar si no se comienza.

 

Preguntar es una forma de comenzar. Pedir es otra forma de comenzar. Ofrecerse es otra manera de comenzar. Cada día millones de empresas y personas publican sus anuncios en la prensa ofreciendo sus servicios. Cada día millones de personas en todo el mundo envían sus peticiones de trabajo y millones de empresas ofrecen puestos de trabajo. Los políticos piden el voto, los comerciales ofrecen productos, los amigos solicitan nuestra atención.

 

¿Qué necesitas? ¿Qué puedes ofrecer?

 

La parte más dura de comenzar es... ¡comenzar! Es un bucle del que es difícil salir y es la causa de la inercia que nos mantiene donde estamos.

 

Lista número 1:

Escribe 10 cosas sobre las que te lamentas no haber comenzado:

1.

2.

3.

4.

5.

6.

7.

8.

9.

10.

 

Lista número 2:

Escribe ahora 10 cosas que podrías hacer para comenzar a resolver el punto número 1 de la lista número 1.

1.

2.

3.

4.

5.

6.

7.

8.

9.

10.

 

Lista número 3:

Escribe 10 cosas que podrías preguntar para poder comenzar

1.

2.

3.

4.

5.

6.

7.

8.

9.

10.

 

Recuerda que nada pasa hasta que alguien empieza algo. ¿Cómo te sientes cuando te equivocas? ¿Te sientes cómodo ante los errores? ¿Tienes miedo de equivocarte? ¿Eres capaz de arriesgarte?

 

Me gustará saber tu opinión. Aunque te equivoques.

 

Excelente articulo de Ricardo Ross de su blog http://www.ricardoros.com/blog/

Pildoras

                  Una de las características más determinantes y distintivas de los humanos es sin lugar la capa­cidad de reflexionar y pensar sobre uno mismo.

Evoluti­vamente, los animales no han alcanzado aún este estadio de conocimiento. De ser así, probablemente habría va­cas deprimidas, hipopótamos suicidas y jirafas con pro­blemas existenciales.

El diálogo interno comienza en la infancia y se desarrolla en la adolescencia. Alrededor de los cinco años, los niños estructuran e internalizan lo que los au­tores han llamado "lenguaje interno". Este lenguaje, a medida que el niño crece, va ejerciendo cada vez más dominio sobre los estados emocionales y la conducta, permitiendo su control o liberación, dependiendo de las necesidades del sujeto. No cabe duda de que el pensa­miento determina en gran parte, no totalmente, la for­ma de comportarnos y de sentir.

Si te recrimi­nas tu manera de actuar, si te dices a ti mismo que el mundo es un asco y el futuro una porquería, obviamen­te no te agradará esta vida, ni probablemente la otra.

El autoelogio es una manera de hablarte po­sitivamente. Es una forma de contemplarte y de recono­cer tus actuaciones adecuadas. La autoestimulación puede ser más poderosa en sus efectos que la felicitación o el elogio que viene de afuera. Permite el fortaleci­miento de la autoestima, genera buenos hábitos de hi­giene mental y, lo más importante, ayuda a que la con­ducta autoelogiada se siga dando en el futuro.

Debido a la absurda costumbre cultural de ver el autocastigo y la autocrítica de los comportamientos negativos como una mejor vía de aprendizaje que el autorreforzar las conductas positivas, se ha desarrollado el vicio de focalizarse en lo malo. Si lo único que ves son tus comportamientos incorrectos, el autoelogio será ina­plicable. Parecería que la sociedad considerara el autoelo­gio como dañino, inútil o superfluo: el ego no debe ali­mentarse mucho y el deber no necesita felicitaciones.

¿De dónde provienen estas absurdas e irracio­nales ideas?

El amor dirigido a uno mismo es visto como "egolatría" y el amor dirigi­do a otros, como "altruismo". Sin embargo, el quererse también puede ser visto como amor propio y como un acto de dignidad.

Las "razones" a las cuales se apela para negar el autoelogio son vanas.

Señalaré las más comunes:

a. "No soy merecedor"o "no fue gran cosa". Típico de las personas que ven la modestia o la subestimación de los logros personales como un acto de entrega y humildad, En realidad, es un acto de hipocresía en la gran mayoría de los casos. Subestimar tus logros y tu desempeño, siendo en realidad buenos, es una señal de que tu salud mental empezó a flaquear. Siempre eres merecedor de tus propias felicitaciones.

b. "Era mi deber"o "era mi obligación". Esta actitud mili­tarista, típica del más obsecuente recluta, no le sirve a tu autoestima. ¿Llevaste a cabo bien tu deber? ¡Feli­cítate! ¡Regálate un "muy bien"! Tu principal deber es para contigo. ¡Date un abrazo! Si tu diálogo interno es el de la obligación absoluta, no te sentirás con el derecho de elogiarte.

c. "Autoelogiarse" es de mal gusto. Si lo haces en tu fuero interno, simplemente nadie se dará cuenta. El buen gusto comienza por casa. Autoelogiarse es una nece­sidad. Si no alimentas tu autoestima, tu ego será ané­mico y raquítico. El autoelogio, por defini­ción, es un acto que realizas a solas, de manera encu­bierta, sin espectadores de ninguna índole. El amor nunca es de mal gusto. El castigo sí.

La autoexpresión de sentimientos positivos nos hace sentir bien, sencillamente porque es agradable el buen trato.

¿Qué hacer para generar la sana costumbre de autoelogiarse? En primer lugar, debes conectarte a un procesamiento controlado, es decir, hacerte consciente de tu diálogo interno y de lo que te dices cuando has alcanzado un logro. Puedes descubrir que no te dices nada (el éxito pasó desapercibido) o te autocastigas (el éxito ha sido insuficiente para las aspiraciones que po­sees): "Lo debería haber hecho mejor". Recuerdo que a los 20 años, mi nivel de autoexigencia en cuestiones aca­démicas llegaba a límites absurdos. En esa época estudia­ba ingeniería electrónica, una carrera que dejé en quin­to año cuando decidí ser sincero conmigo mismo. Lo importante es que, pese a la poca vocación por los cables y los chips, si mis notas bajaban de nueve o diez, me deprimía profundamente. Mientras mis compañeros festejaban un siete en álgebra, yo me castigaba (verbalmente) por un ocho. La insatisfacción frente a mi propio rendimiento no daba cabida al autoelogio. Desde mi óptica rígida, era absurdo que un seis o un siete mere­cieran tanto alboroto. Hoy he aprendido que mientras no sea perjudicial, dañino o peligroso para mí u otros, puedo felici­tarme por lo que quiera: cada uno Jija sus estándares. Mi exce­siva autoexigencia era perjudicial para mi salud mental:

¿Co-razón?

 

Manejar el nerviosismo para pedirle a alguien salir contigo puede ser muy difícil. Hay mucho más razones para tener miedo que las que hay por ser valiente.

Muchos de nosotros tenemos la autoestima firmemente arraigada en nuestras historias de la niñez que nos mantienen congelados y asustado inclusive hasta para extender la mano a otros. Nuestros padres, hermanos, o amigos del barrio nos enseñaron que éramos menos bonitos, que nosotros no somos suficientemente diestros, adinerados o apreciables. Corazones rotos y relaciones fallidas sólo puede agregarse al miedo y pensar que quizás esas personas estaban correctas y realmente no somos apreciables. Pero ¡cómo nuestras almas anhelan a alguien para amar y que nos amen para siempre!

Uno de los más grandes crímenes a la humanidad es que nuestra niñez esta tan desordenada. Pocos padres realmente saben enseñar a sus niños sobre cómo ganar autoestima a través del trabajo duro, la tenacidad, y lograr sus metas con éxito.

Nosotros no nos enseñaron cómo autogestionarnos, autovigilarnos, autodisciplinarnos, y crearnos un sentido de auto-respeto que se sostenga muy bien sin tener en cuenta lo qué los cínico puede pensar de nosotros. La mayoría de nosotros no tuvo padres que se sentaran con nosotros de manera regular a mostrarnos ejemplos de personas promedio cotidianas que buscan a personas promedio cotidianas para enamorarse. Nosotros salimos a mundo a definir el amor, romance, la sexualidad, inclusive nuestra identidad según nuestros panas, la televisión, películas, y revistas de moda. ¿Es acaso sorprendente que muy pocos jóvenes empiezan con una autoestima positiva saludable?

Sólo es necesario un manojo de rechazos inexplicados antes de que una personas culaquiera asuma que debe haber algo despreciable sobre él. ¿Por qué temo tanto al rechazo de ellas? Sólo toma un manojo de hombres jugando a pretender ser interesantes sólo en el sexo, antes de que una mujer piense que todos los hombres solo se arrastran o que ella no es digna de algo más que una-noche-a los ojos de los hombres. Nadie necesita esta clase de dolor y rechazo.

Me gustaría pensar que la mayoría de nosotros tiene suficiente auto-respeto para decir, ‘yo no voy a hacer eso de nuevo ’ y entonces definimos, se acabaron las invitanciones a salir y no admito mas invitaciones superficiales. Los estudios muestran que nos estamos dirigiendo exclusivamente hacia una nación lleno de solteros adultos viviendo solos. Cada vez más tenemos a niños criándose en casas de padres solteros sin modelo del papel de un matrimonio en la vida diaria. Estámos enseñándole nuestro aislamiento y miedo de rechazo a nuestros niños. Protéjanse a toda costa”, “no permita a nadie acercase lo suficiente que puedan herirlos”, “Ya no merece la pena ningún esfuerzo de seguir tratando”.

La humanidad es un animal social. Nosotros nunca fuimos creados para ser ermitaños en una ciudad grande. Nos deprimimos y enfermamos mientras nos ponemos más solos, aislados, y desconectados. Incluso una conexión profunda a una fuente de espiritualidad superior no va a sanar nuestros corazones rotos. Si esto en algo nos ayudaría seria en apenas soñar con ir al cielo dónde Dios y los ángeles deben amarnos. La humanidad debe aprender a conectarse entre sí en relación profunda al nivel del corazón. Los matrimonios superficiales poco profundos nunca van a ser de nuevo aceptable. Eso puede haber servido posiblemente en el pasado, pero nosotros no tenemos que casarnos para tener sexo nada más. Nosotros no tenemos que casarnos para tener un hombre que proporcione comida y donde vivir o esposa para la tareas domesticas Nosotros no tenemos que casarnos para tener niños únicamente. Nosotros podemos defender la idea acerca de si o no regresamos con esos tabúes pasados, el hecho simple es que ellos ya no existen y nosotros no vamos a abrazarlos de nuevo. Queremos que nuestras relaciones sean para estar sobre algo más importante que lo que la sociedad dice.

¿Ahora que? ¿Cómo empezamos de nuevo a relacionarnos para construir uniones reales del corazón, cómo haremos el “vivieron felices para siempre” en una parte de nuestra realidad?

¿Estamos tan rotos y agrietados? Esta es una razón por la cual los sistemas de búsqueda en Internet muestran frases como “quieres mejorar la autoestima”’ y “construyendo confianza en sí mismo” como temas populares.

Nosotros necesitamos aprender más sobre quién somos realmente, lo que nosotros realmente necesitamos opuesto a lo que simplemente queremos, y qué tenemos para ofrecer a un compañero.

· Realmente consiga conocerse como esa mezcla bonita de características, rasgos, fallas, y bondades.

· Fije algunas metas que estén más allá su alcance y trabajan duro para lograrlos.

· Luego hágalo de nuevo con metas un poco más duras.

· Busque su autoestima real, su real auto-respeto, y su belleza interna como un alma, sustancia esencial dentro de ese cuerpo suyo.

· Aprenda a cuidar de su cuerpo. ¿Es un regalo que usted quiere compartir con su compañero futuro, no es así?

· Conviértase en el tipo de persona que su compañero ideal querría tener para el resto de su vida.

Una vez que este sintiéndose fuerte y amable, entonces salga y empieza buscando a otras personas que tienen la luz de alguien que se siente fuerte y amable. No busque a las personas visualmente atractivas simplemente. Ponga su mirada en las personas con brillo y esa luz interna que viene de la belleza interna. Encuéntrela dentro de ellos y pregúnteles si desean compartir esa belleza. Diga sí cuando esos tipos de las personas le invitan a salir.

Es importante saber que la relación es para compartir esa riqueza, solo dentro de nosotros y en esa riqueza esta la plataforma de una relación estable donde se comparte y se nutren grandezas que luego modelan la vida esencialmente humana de algún ser dentro del matrimonio. Déles el beneficio de la duda. Ésas son las personas que serán amables y honradas aun cuando los dos decidan que no. Ellos no se harán daño y se podrán feos si tienen que separarse y usted tampoco.

Usted encontrará que si esta en su mejor estado emocional con relación a usted mismo/a se volverá un imán a todos los tipos de las personas, sobre todo aquéllos que no se siente muy bien sobre ellos mismo. Esto no tiene nada en absoluto que ver con la belleza física, es sobre una luz interna que brilla para todos en el mundo. Nosotros como una especie siempre hemos amado a esa clase de personas con esa energía resplandeciente de paz interna y la belleza interna.

Hágalo para usted, por el modelo esencial para los niños, para ese especial alguien allí fuera quién está buscando por todo el globo por alguien como tu.

Hágalo porque su alma lo anhela.

Quizás piense que parece un cuento maravilloso, imposible de ser una realidad hoy, es entonces allí en ese paradigma o creencia donde se refugia ese ser minusválido que vive del que dirán, de criterios inflexible de la sociedad y que se pre-ocupa por mantener alejado el rechazo y comprar la aprobación de los demás a cualquier precio.

Alguien que busca y promueve relaciones de los físico, sexual, que no profundiza para evitar el dolor del rechazo, y que termina insatisfecho, aislado, solo , deprimido y un colaborador en la ruina de la familia, el matrimonio, la felicidad, la alegría verdadera, e inevitablemente tendremos que volver al inicio de este articulo.

Razón tenia aquel que dijo que el camino mas largo del mundo es desde la cabeza al corazón, entonces quien conocen las razones del corazón, no es difícil sentirnos extraños unos de otros y especialmente solos, ¿es posible la felicidad entre extraños y solitarios?