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Esencialmente humano

Auto-ayuda

Urgente…...................

Urgente…
es una palabra con la que vivimos día a día en nuestra agitada vida y a la cual le hemos perdido ya todo significado de premura y prioridad.

Urgente…
es ya, un ritmo de vida… una forma de "pasar" la vida.

Urgente…
es la manera más pobre de vivir sobre este mundo, porque el día que nos vamos, dejamos pendientes las cosas que verdaderamente fueron urgentes.

Urgente…
es que hagas un alto en tu ajetreada vida y por un instante te veas y te preguntes: ¿Qué significado tiene todo esto que hago?

Urgente…
es que te detengas y veas… cuan grande eres!

Urgente…
es que cuando camines por la calle, levantes la vista, voltees y mires a tu alrededor; observa el cielo, los árboles, las aves…¡a la gente!

Urgente…
es que seamos más humanos… más hermanos!

Urgente…
es que sepamos valorar el tiempo que nos pide un niño.

Urgente…
es que una mañana, te levantes temprano y veas salir el sol, siente su calor y dale gracias a dios por tan grande regalo.

Urgente…
es que te sientas vivo en cuerpo y alma!… que veas tus brazos, tus piernas, tu cuerpo, tu inteligencia, y de verdad? ¡vibres con la vida!

Urgente…
es que te tomes un instante en tu trabajo, salgas y respires profundo; y sientas como el aire llena tus pulmones… estas vivo!

Urgente…
es que le digas a la gente que la quieres, cuanto la amas hoy, no esperes hasta mañana.

Urgente…
es que no se te vaya la vida en un soplo y que cuando mires atrás, seas ya un anciano, que no puede echar el tiempo atrás, que todo lo hizo.

Urgente; que fue un gran empresario; que lleno su agenda de "urgencias, citas y proyectos"

Pero después de todo… se le olvidó…vivir.

Autor: Desconocido

¿VIVIMOS... O SOBREVIVIMOS?


Espero que el lector sepa disculparme que en esta ocasión roce sólo el ámbito de la ciencia y me centre en el de la conciencia en un intento de entender por qué vivimos en esta sociedad tecnoperfecta en la que se nos induce a no manifestar ni valorar las emociones.

Y es que cada vez es mayor el número de personas cuyo mundo interno se ve afectado por las exigencias de su actividad profesional. Por eso no es de extrañar que abunden en las consultas terapéuticas casos como el de la secretaria ejecutiva que ve a su niña dormida cuando se va a trabajar...

y se la encuentra durmiendo cuando regresa trece horas después; o el del veinteañero al que le aterra la sola idea de tener que incorporarse a un mercado laboral alienante y deshumanizado; o el del artista que ha perdido a sus padres un mes antes y se siente fatal porque está desmotivado y sin creatividad para seguir produciendo; o el del directivo al que le empieza a fallar su relación sexual y no sabe por qué si total lleva ya años trabajando 60 horas semanales...; o el de la superejecutiva que, tras haber abandonado todo en aras de su profesión, entra en una crisis existencial, es dada de baja por depresión y anda buscando la pastilla milagrosa que le permita superar rápidamente la ansiedad para retomar su puesto y volver a ser "alguien".

Y que no me entiende cuando le digo: "Pues ahora que se supone que no vales para nada eres en realidad mucho más 'alguien' que cuando vivías para trabajar." Y no lo entiende porque está programada para producir y si no produce cree que no vale nada.

Antes la sociedad te valoraba por tus títulos nobiliarios, por las tierras que poseías o por tu estatus profesional. Y ahora lo que eres lo determina tu puesto de trabajo y lo que puedes consumir gracias a él. Y, por supuesto, ¡por tu apariencia física! En una sociedad donde se da un culto tan brutal a la imagen eso pesa mucho.

Abrumados por la multiplicidad de informaciones que nos incitan al consumo, quedamos envueltos en un ciclo producción-consumo en el que nos vemos ante la exigencia de ser superproductivos y perfectos para poder consumir lo que se nos ha incitado a desear. Y para ello hemos de extirpar las debilidades: nada de excesivas emociones, de sentimentalismos, de dedicarnos unos a otros, de querernos y cuidarnos.

No hay momentos para dedicar a nuestros hijos, para conversar con la pareja, para compartir con los amigos o para acompañar a nuestros mayores; ni siquiera para estar con nosotros mismos. No hay tiempo para el amor ni la amistad. Ni para las actividades lúdicas. Ni siquiera para sentir y liberar el dolor. E intentamos silenciar los avisos que nos da el cuerpo eliminando cualquier síntoma que aparece con fármacos. Incluso la depresión, el insomnio y demás conflictos psicológicos tratamos de arrancarlos a golpe de pastillas: no son productivos y no nos permiten producir. ¿Quién ha dicho que tengan que ver con una llamada a revisar el sentido de nuestras vidas?

Pocos parecen entender que nuestras emociones -incluidas las negativas- son manifestaciones espirituales que nos aportan información sobre quiénes somos realmente y nos orientan hacia nuestro más alto destino. Nunca nos lo enseñaron.

Y el resultado de esa desconexión con nosotros mismos es un tremendo sentimiento de desamparo, una nítida sensación de abandono. Miedo, soledad, angustia, desorientación, desconcierto, incomunicación... ¿Le suena?

En la mayoría de las ocasiones, todo ello solapado; porque no hay que sentir ni expresar debilidades. Las personas con debilidades incomodan. Las flaquezas de las personas no son rentables.

Me alarma que me cuenten sus miedos a expresar su sensibilidad, su ternura; me duele ver cómo reprimimos nuestra amabilidad, nuestros rasgos más humanos, nuestras emociones más inteligentes.

Quizás la peor plaga de la sociedad en que vivimos sea el estrés. Como no la produce ningún microbio no está catalogada como enfermedad "contagiosa". Y, sin embargo, el estrés es uno de los principales desencadenantes de buena parte de las enfermedades. Y el estrés mental es poco perjudicial comparado con el emocional.

¿Cómo es posible que en la sociedad española hayamos pasado en sólo generación y media de cuatro hijos por pareja a uno y pico? Sería comprensible si viviéramos como en el Tercer Mundo. O como en Rusia, donde el sueldo de un joven con carrera e idiomas es de veinte mil pesetas al mes. Allí las pensiones oscilan entre cinco y diez mil pesetas y la comida cuesta más de la mitad que aquí. Pero no es así. Vivimos una situación económica mejor que cualquier otra del pasado. Luego, ¿cuál es nuestra actual escala de valores? ¿Qué se está gestando en el medio social en que vivimos?

Alguna explicación ha de haber. Quizás tenga relación con las informaciones que nos envuelven. El maestro Carl Jung desarrolló el concepto de inconsciente colectivo como un sistema de sentimientos, pensamientos y recuerdos que condicionan a cada sujeto desde su nacimiento.

A ello hay que añadir las influencias culturales aprendidas. Jung expresa la idea de individuación como la lucha del ser individual por emerger de las ataduras de ese inconsciente colectivo.

En la actualidad, científicos de Estados Unidos, Rusia y otros países consideran que la materia está organizada por estructuras de energía e información de acuerdo a los principios holográficos, de los fractales y de la teoría de la información. Como individuos estamos inmersos en las estructuras de energía e información de la familia, la sociedad, el país y el momento presente de la humanidad; en grupos humanos cada vez más amplios.

Y cuando un ser humano nace y crece en un entorno social con una fuerte estructura de energía e información suele perder su independencia y convertirse en una célula de ese entorno, adoptando sus creencias y condicionamientos. Es decir, de alguna manera, se desconecta de su propia esencia para quedar sometido a las informaciones dominantes en el grupo.

Afortunadamente también sabemos que eso puede ser modificado. Basta con que exista lo que los expertos denominan la "masa crítica". Y se entiende por tal a un número suficiente de miembros de un grupo, quizás menor a un diez por ciento. Cuando ese porcentaje desarrolla una actividad creativa, llega un momento en el que, al ser de un nivel superior, ésta se extiende espontáneamente a los demás miembros del grupo modificando el paradigma imperante.

Ciertamente, si nos preguntáramos qué tipo de información es la dominante hoy en el medio social en que nos movemos quizás encontrásemos explicación a esas conductas compulsivas que divinizan la imagen y el consumo. Una imagen que nos distancia de la propia esencia, que nos deshumaniza. Una imagen que generalmente es, en realidad, una máscara. Una máscara de carnaval. ¿Y el consumismo? ¿Qué es el consumismo sino la angustiada búsqueda de ser a través del poseer?

Dos vías muertas. Pero tal es la información con la que se nos programa reiteradamente a través de la publicidad, los medios de comunicación, la educación...

Los gobernantes de Bruselas plantean que "tras la sociedad del bienestar llega la sociedad de la información". Sin embargo, la información ejerce en el ser humano dos acciones muy definidas que es importante considerar: una es formar; la otra deformar. ¿Y qué porcentaje de toda la que circula es de cada clase? ¿Quién se ocupa de la calidad de la información?

Además, culpar a las multinacionales, al Gobierno o al jefe no resuelve nada. Porque cuando colocamos la causa de un problema fuera de nosotros autolimitamos la capacidad de resolverlo.

No tenemos en cuenta -porque no se nos ha enseñado- que la información nutre el alma de la misma manera que la comida nutre el cuerpo. ¿Seleccionamos nuestra nutrición psíquica o comemos "hamburguesas con patatas fritas" todos los días? Es decir, ¿enchufamos la tele o quedamos enchufados a ella? ¿Filtramos y elegimos las películas, los programas de televisión o recibimos mecánicamente -y, por tanto, inconscientemente- todo lo que nos "distraiga"? ¿Observamos el efecto que hace en nosotros? ¿Nos damos cuenta de cuándo una imagen publicitaria atraviesa la pupila y nos condiciona el cerebro? ¿Buscamos lecturas que nos estimulen y nos hagan crecer como seres humanos o leemos lo mismo todos los días?

Parece que -como Jung predijo- el camino para salir de este atolladero es recuperar la propia individualidad. Y una vía para lograrlo es el conocimiento de sí a través de la autoobservación.

Hace unos días recibí por correo electrónico la siguiente reflexión: "Dejamos escapar la felicidad porque la buscamos en lugares errados sin comprender que, arreglando dentro, el orden volverá a nuestro alrededor fuera... Complejo tema el de la honestidad con nosotros mismos." Y como lo correcto después de plantear un problema es aportar posibles soluciones, el próximo mes buscaremos en nuestros recursos internos y reflexionaremos sobre la Medicina espiritual.

Fernando Sánchez

La autoestima

La autoestima. Nuestro equipaje de nacimiento

A menudo somos demasiado exigentes con nosotros mismos; somos demasiado severos. Cuando nuestra autoestima es más alta empezamos a aceptarnos tal y como somos, con nuestros defectos y nuestras virtudes. ¿Cómo podemos mejorar la autoestima?

Nacemos conscientes de nuestra perfección innata y sintiéndonos merecedores de todo lo bueno. Nuestra autoestima está intacta.

Después, empezamos a escuchar a los adultos que nos rodean y a grabar sus propios mensajes negativos en nuestro propio disco mental aun virgen de toda negatividad o falsa creencia alguna. Porque los amamos los consideramos y sin condiciones damos por hecho, en el principio de nuestra vida, que ellos tienen el monopolio de la verdad. Así empieza a menguar nuestra autoestima.

Ahora, comenzamos a negar nuestra propia magnificencia, renunciamos a nuestra autoestima. Aprendemos a sentirnos confusos con la vida y con nosotros mismos considerando, más que las nuestras, las reacciones de los adultos que nos rodean y enseñan. Es decir, si hemos vivido con personas desdichadas, coléricas, asustadizas, críticas, con sentimiento de culpa, y baja autoestima habremos escuchado y aprendido cosas negativas sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre la vida.

La base de todo problema, malestar, sensación de no merecer lo bueno… es siempre la falta de amor por uno mismo (autoestima), el olvido de nuestro auténtica identidad, el rechazo inculcado de nuestro propio yo.
De ahí en adelante, nos es muy difícil aceptarnos, pues llevamos dentro esas informaciones ajenas sobre quienes somos. Empezamos a creer en supuestos defectos, creencias que nos hacen caer poco a poco, en la imposibilidad de amarnos y aceptarnos tal como somos. Nuestra autoestima sigue menguando.
A cada instante nos exigimos ser o alcanzar lo perfecto y si no lo conseguimos, nos auto-prohibimos el sentirnos felices y a gusto.

Pero ¿y quién a dicho que debamos de ser perfectos? ¿Acaso conoces a alguien perfecto?

El trabajo de recuperación de la autoestima, no es ni más ni menos que un proceso reeducativo y liberador de nuestra realidad innata, como ser y como persona. Es como vaciar un cubo que ha sido llenado de basura. Rehabilitar nuestra autoestima es limpiar para recuperar nuestro espacio interior. Es sentirnos de nuevo a gusto en nuestra cotidianidad. Nos permite volver a Casa, volver a la conciencia del porqué de nuestra presencia en esta vida humana, en pleno corazón del universo. Re-conocerse a uno mismo descubrirse, reaprender a vivir, aceptarse en el momento presente, aquí y ahora, sabiéndose libre siempre de cambiar para evolucionar, aquello que nuestro propio corazón nos va dictando desde su autenticidad.

A continuación os dejamos descubrir o redescubrir, algunos pasos sencillos y útiles para recrear el sendero del respeto y la aceptación.

  • Deja de criticarte: ¡Decídete a dejar eso atrás! Simplemente Sé. Descubrirás que eres una persona maravillosa tal como eres hoy. Si leyendo esto te surgen pensamientos tales como: "sí, pero no habla de mí" o "si supiera las cosas tan feas que hay en mi", "no sabe lo mal que yo me porto"… entonces, no has aceptado todavía ver y entender que tú también eres una persona esencialmente maravillosa tal como eres ahora mismo con todas tus imperfecciones; sí, imperfecciones que existen en ti para que, tú, y nadie más, las vayas corrigiendo a lo largo de tu vida. Si realmente estas haciendo todo lo que puedes para sanarte, para mejorar, como cada uno de nosotros en este planeta y este universo, en función de tus conocimientos de tu conciencia y al ritmo de tu propia evolución, entonces todo esta bien!
    Me amo y me acepto tal y como soy. Mi autoestima crece a cada instante"
  • Deja de asustarte: ¿Cuántas veces nos hemos imaginado lo peor en relación a un problema que tuviésemos? Somos seres responsables; nosotros elegimos qué pensar y como tratar las situaciones en nuestro cotidiano. ¡Aumentar, incrementar las que sean difíciles por pensamientos negativos puede resultar paralizante! Acaso hay alguien más que tú en tu propia cabeza? Naturalmente no.
    Entonces no podemos culpar a nadie de obligarnos a ser negativos o de pensar por nosotros mismos, pues nadie puede meterse en nuestra mente. Así vemos que podemos, sin que nadie nos lo pueda impedir, sustituir todo pensamiento negativo por otro más sano. La afirmación positiva es una herramienta poderosa que nos permite ver las cosas con más claridad. Esta toma de consciencia abre las puertas a la acción y libera considerablemente nuestro mental.
  • Se amable, cariños@ y paciente contigo mism@: la impaciencia es la mayor resistencia a la evolución, al cambio. Claro que nos equivocamos y cometamos errores. Esto es natural en todo ser. El proceso de transformación humano exige tropiezos facilitadores del cambio. La única forma de aprender es aceptar los errores. ¿Quien podría corregirse antes de haber identificado y aceptado la falta o la equivocación?
  • Se cariños@ con tu mente: dejemos de culparnos y sentirnos culpables; pues la culpa solo busca el castigo, ¡nunca busca la solución!. Las experiencias sirven para aprender y superar, no para derribarnos. Por muy inteligente que sea un niño, va al colegio para aprender. Ningún maestro le pediría que llegue a clase para tomar su puesto.
  • Elógiate: cuando emprendas una nueva experiencia, no te critiques, elógiate por haberlo hecho lo mejor que pudiste en ese momento. Sé constante. Con elogiarte un par de veces no es suficiente.
  • Pide ayuda: la mayoría de nosotros nos hemos criado en la creencia de que debemos hacer las cosas solos y sin pedir ayuda. Especialmente en los temas que tocan emociones, sentimientos, etc… En lugar de intentar hacerlo todo solos, agotarnos y muchas veces no conseguirlo, la próxima vez pide ayuda.
  • Ama los rasgos que menos te gustan en ti: todos hemos hecho elecciones negativas en algún momento de nuestras vidas. Si nos enfadamos y/o castigamos por ello lo único que hacemos es perpetuarnos en esa elección.
  • Cuida tu cuerpo: la aceptación y el respeto por nosotros mismos, la autoestima, pasa necesariamente por el cuidado de nuestro cuerpo.
  • Práctica las afirmaciones: nuestras creencias crean nuestras experiencias. Nosotros elegimos qué pensar. Las afirmaciones positivas son formas de reprogramar nuestros pensamientos hacia otros más positivos y beneficiosos. Práctica afirmaciones para fomentar tu autoestima.
  • Acéptate YA en este precios instante: no esperes a haber arreglado las cosas o a que los demás cambien para aceptarte y respetarte tal y como eres. El momento de poder está siempre en el presente, ahora.

No estamos aquí para contentar a otras personas o para vivir conforme a sus directrices. Sólo podemos vivir a nuestra manera y caminar por nuestra propia senda. Cuando abandonemos el planeta no nos llevaremos a nuestra pareja, coche, casa, etc…, sino a nuestra capacidad de amar.

"Mi autoestima aumenta constantemente a partir de ahora"

Autor: Victoria Vinuesa
Psicóloga, Psicoterapeuta y Coach. Consteladora Familiar

Codigo de Vida

Codigo de Vida

 

Para muchos de nosotros es algo difícil tener un plan concreto para vivir una vida diferente aunque nuestro corazón nos los pida, lo importante es comenzar por algo e ir evaluando.

Por lo tanto les recomiendo esta guía que me pareció interesante como un código de vida, que nos oriente como vivir nuestro día a día.

Definitivamente vivir es un compromiso, anímate a hacer vida cada una de estas instrucciones

Instrucciones para la Vida

Recuerdo que antes de yo nacer estaba preocupada porque no conocía el

Mundo al que llegaría.

Entonces le pedí a Dios instrucciones para vivir en esta tierra.

Dios acercó su voz a mi oído y me dijo:

Sé como el sol,

Levántate temprano y no te acuestes tarde.

Sé como la luna,

Brilla en la oscuridad, pero sométete a la luz mayor.

Sé como los pájaros,

Come y canta, bebe y vuela.

Sé como las flores,

Enamoradas del sol, pero fieles a sus raíces.

Sé como el buen perro,

Obediente, pero nada más a su Señor.

Sé como la fruta,

bella por fuera, saludable por dentro.

Sé como el día,

Que llega y se retira sin alardes.

Sé como el oasis,

Da tu agua al sediento.

Sé como el rio,

Siempre hacia adelante.

Sé como la luciérnaga,

Aunque pequeña, emite su propia luz.

Sé como el agua,

Buena y transparente.

Sé como José,

Cree en tus sueños.

Sé como Lázaro,

Levántate y anda.

Y por sobre todas las cosas;

Sé como el cielo, la morada de Dios.

(Autor desconocido)

Sabiduria esencial

En nuestro día a día y en nuestro interior nacen miles de preguntas que veces no consiguen respuestas, generando en nosotros miedos o lo que es lo mismo desmotivación a arriesgarnos.

Se nos olvida que las respuestas están en la acción, es ella la que siempre tiene la respuesta, pero por esas preguntas sin respuestas se siembra en nosotros la indecisión que nos lleva a seguir únicamente el camino seguro que han construido otros, claro pero nunca seremos felices experimentando los logros conseguidos en otros caminos con otras experiencias.

El problema es el significado que le damos a las experiencias de la vida, vamos perdiendo la capacidad de vivir ósea vamos perdiendo la posibilidad de descubrir el gran secreto que nos ofrece la experiencia. La razón de ser de las experiencias y emociones desagradables es indicarnos lo que debemos cambiar de nuestros pensamientos, emociones y acciones, pero nunca decirnos que no podremos lograr lo que merecemos. Esto es precisamente el gran secreto de la vida que perdemos al vivir de manera automatizada. Es esto lo que va construyendo mis creencias y mi historial personal.

Pareciera todo un circulo vicioso, temor a luchar por lo que merecemos, miedo, indecisión, búsqueda del camino seguro, vivimos sin crear nuestra propia historia personal y sin aprender que somos capaces de lograr lo que realmente merecemos.

En mi país Venezuela hay una excelente frase popular para justificar nuestro miedo a vivir “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

Amigos así como hay muchas preguntas y dudas en nuestra mente igualmente hay un sentido común, una intuición que a veces no susurra lo que debemos hacer, te motivo a escucharte con paciencia y entusiasmo, todos tenemos un gran sabiduría esencial. Claro, ninguno valor tendrá la mejor sabiduría sino la ponemos en práctica, anímate a arriesgarte, experimenta, vive y con gran reflexión ve aprendiendo de los resultados que serán como las velas de tu barco.

Solamente pretendo con los artículos de mi blog motivarte a reflexionar y arriesgarte a construí tu propia historia personal, esencialmente estamos hechos para ser felices y vivir a plenitud es ser fiel a ese objetivo.

Anímate, apóyate en la música del blog, toma papel y lápiz y anotas la conclusiones o los apuntes que broten de esta reflexión, así como las todas las que puedas hacer o hayas hechos. El poder volver a mirar reflexiones viejas e ir evaluando el camino que estamos construyendo es motivarte.

Si realmente has llegado a reflexionar me gustaría conseguir algún comentario al final de este articulo, para saber que mis deseos no caen en vaso roto.

José Goyo

Nadie camina la vida sin haber pisado en falso muchas veces.

Nadie siente el amor sin probar sus lágrimas, ni recoge rosas sin sentir sus espinas.

Nadie llega a la otra orilla sin haber ido haciendo puentes para pasar.

Nadie puede juzgar sin conocer primero su propia debilidad.

Nadie encuentra el pozo del placer hasta caminar por la sed del desierto.

Nadie consigue su ideal sin haber pensado muchas veces que perseguía un imposible.

Nadie reconoce la oportunidad hasta que ésta pasa por su lado y la deja ir.

Nadie alcanza la meta con un sólo intento, ni perfecciona la vida con una sola rectificación, ni alcanza altura con un sólo vuelo.

Nadie recoge cosechas sin probar muchos sabores, enterrar muchas semillas y abonar mucha tierra.

Nadie mira la vida sin acobardarse en muchas ocasiones, ni se mete en el barco sin temerle a la tempestad, ni llega al puerto sin remar muchas veces.

Nadie hace obras sin martillar sobre su edificio, ni cultiva amistad sin renunciar a sí mismo, ni se hace hombre sin sentir dolor.

Nadie deja de llegar a su meta, cuando tiene la claridad de un don, el crecimiento de su voluntad, la abundancia de la vida, el poder para realizarse y el impulso de Dios.

Nadie deja de llegar cuando de verdad se lo propone. Saca todo lo que tienes y confías en ti. ¡Esfuérzate, porque vas a llegar!

Hay un lugar en el corazón, donde los pensamientos se hacen deseos y los deseos se hacen sueños. Es un lugar donde todo es posible, si solamente CREES.

Cree en tus METAS

Cree en tu AMOR

Cree en tu FAMILIA

Cree en tus AMIGOS

Cree en TI MISMOVivit

Cree en DIOS

Consciente o inconscientemente

En la vida todo lo que existe a nuestro alrededor fue creado por nosotros, consciente o inconscientemente. Somos seres dotados de voluntad y consciencia, y a través de ellas tenemos el poder de crear. Eso nos hace diferentes del resto de los seres en la naturaleza.
Idealmente ejercitaríamos nuestra voluntad de manera consciente para emplear nuestra capacidad creativa, y construir el mundo que deseamos y merecemos. Y allí se encuentra ese pequeño detalle que hace la diferencia en nuestras vidas, en este caso es la consciencia que tenemos de lo que merecemos recibir mientras completamos nuestro peregrinaje en este planeta. Esto es algo básico, está muy arraigado dentro de nosotros, y está estrechamente ligado a nuestra estima.
La vida es nuestro espejo, y no nos otorga a cambio más que aquello que nosotros podemos ver en nosotros mismos. Nuestra consciencia de merecimiento tiene que ver con nuestras creencias fundamentales, y tiene su raíz en lo que creemos que somos. Si, es correcto en lo que creemos que somos, y no lo que realmente somos.

Origen
¿Cómo puede una creencia ser más importante en nuestras vidas que la realidad?. Esto es muy sencillo, como lo dijo Descartes una vez: "Pienso luego existo". Esa sencilla frase encierra una inmensa verdad, expone el concepto de nuestra capacidad de construir nuestra realidad por medio de nuestros pensamientos. Por esa razón, para cada individuo, los pensamientos que albergue su mente son más importantes que la realidad, pues la preceden.
Es decir, los pensamientos construyen realidades y, así como pensamos somos. De lo anterior podemos comprender porque donde nos encontramos en la vida en la actualidad, y la manera como nos desenvolvemos en ella, es simplemente el resultado de las creencias que una vez elegimos albergar principalmente sobre lo que merecemos obtener a cambio de la vida.
Si, es correcto, a cambio, recordemos que la vida es nuestro espejo y simplemente nos devuelve lo que ponemos en ella, y solo podemos darle a la vida de lo que tenemos. Recordemos que nadie puede dar lo que no tiene.
¿Estas a gusto con lo que recibes a cambio de la vida?, en caso de no estarlo pregúntate ¿Qué le estoy dando a la vida?, y principalmente ¿Cómo lo estoy haciendo?.
La actitud que asumimos ante la vida es tan importante como lo que hacemos en ella. Se trata de calidad en vez de cantidad, y nuestra actitud y calidad de acciones están directamente relacionadas con la autoestima.

Autoestima
La consciencia de merecimiento y la autoestima están estrechamente ligadas, cuando una persona tiene su autoestima en alto siente que se merece lo mejor que la vida tiene para ofrecer, y el sentir que se merece lo mejor, y poder disfrutarlo, aumentan su autoestima.
Desde el Amor que nos tenemos establecemos cuanto valemos, y lo que creemos que valemos nos hace sentir a cuanto tenemos derecho en la vida, o lo que es lo mismo, lo que merecemos.
Por derecho de nacimiento tenemos a nuestra disposición toda la Paz, Amor, Bienestar, Salud y Prosperidad que estemos dispuestos a aceptar. Pero ¿Cómo conectarnos con la abundancia que nos ofrece la vida?, ayuda comprender como nos relacionamos con la realidad de la vida, como percibimos la Verdad, el Amor y la Energía que hay en ella, veamos.

Verdad
Es importante estar ubicados en tiempo y espacio, conectarnos con nuestro presente en el aquí y ahora. Para comenzar hasta la más pequeña travesía es necesario tener un punto de partida, y así poder trazar el curso a seguir.
En este caso se trata de establecer quién somos en realidad, somos quien creemos que somos, o somos lo que realmente somos. Para descifrar esto podemos ayudarnos buscando limitaciones a nuestras definiciones, si encontramos alguna, entonces no es verdadera, lo que realmente somos no conoce límites.
Una vez que conocemos la vedad de quien realmente somos, la verdad en si misma pasa a formar parte de nuestras vidas. Y a partir de allí hablamos desde la verdad, quienes se dirigen a nosotros pueden hacerlo desde la verdad, y actuamos siguiendo la verdad.
Al conocer y aceptar la verdad que la abundancia es nuestro derecho de nacimiento, nos sentimos merecedores de ella. Entramos en contacto con la realidad de la vida, y somos capaces de percibir el Amor que hay en ella.

Amor
El amor es la fuerza que mantiene unido al Universo entero, a los planetas orbitando alrededor de sus respectivos soles, y a los electrones alrededor del núcleo. En el caso de los seres humanos, al corazón latiendo y la sangre circulando.
Se trata de permitir que se manifieste más Amor en nuestras vidas. De sentir que lo merecemos, y amarnos lo suficiente para darnos permiso de tenerlo. El Amor está allí, existe, pero necesita de nuestro permiso para manifestarse en nuestras vidas.
Si aprendemos a amarnos por lo que realmente somos, y compartir ese Amor de manera desinteresada, cualquier cosa se convierte en una posibilidad que podemos emplear nuestra energía para crear, porque sentimos que lo merecemos.

Energía
Al conocer la verdad de quienes realmente somos y aprender a amarnos por lo que somos, nos volvemos conscientes que estamos viviendo en un océano de energía, y que es esta energía la que nos mantiene vivos al respirar.
Esto nos despierta a un nuevo nivel de percepción en el cual nos volvemos conscientes que por medio de nuestras convicciones hemos estado dirigiendo esa energía a crear lo que es nuestra vida.
Nos damos cuenta que de alguna manera siempre estuvimos conectados emocionalmente con lo que considerábamos era cierto en nuestras vidas, y en consecuencia dirigíamos la energía para manifestar eso que creíamos que merecíamos.
Esta Energía vital y creativa permite la integración de la Verdad y el Amor en nuestras vidas, y este proceso a su vez nos pone en contacto directo con la vida, y nos hace sentir merecedores de todo lo mejor que tiene para ofrecer.
Cuando la Verdad y el Amor se integran en nuestras vidas, y nos armonizamos con ellos desde nuestra consciencia de merecimiento, podemos emplear nuestra voluntad consciente para dirigir la Energía creativa a manifestar la realidad que deseamos y merecemos.

El Merecimiento en Acción
Cualquier cosa relacionada con la consciencia necesariamente está en actividad, y al ponernos en contacto con ella se activa un sistema el cual nos hace participes del proceso.
Estos procesos existen para establecer equilibrio en nuestras vidas, y comprenderlos nos ayuda a facilitar que nuestra consciencia de merecimiento se convierta en abundancia y prosperidad en nuestras vidas.
El experimentar el contacto con la vida, y la integración de la verdad y el amor en nuestra vida por medio de la energía, nos despierta a un nuevo nivel de consciencia en el cual, además del merecimiento, nos ponemos en contacto con la intuición, y a través de ella nos volvemos concientes de cómo funcionan los procesos por medio de los cuales manifestamos nuestra realidad.
La manera más sencilla de permitir que nuestra consciencia de merecimiento se traduzca en abundancia y prosperidad, es actuar coherentemente, sincronizar nuestros pensamientos, palabras, emociones y acciones.
Esto se logra fácilmente cuando al percibir la inspiración que brinda nuestra intuición (fruto de nuestro recién adquirido más elevado nivel de consciencia), procedemos a asimilarla tan pronto como podamos, para poder expresarla de la manera más fiel posible, mediante acciones que beneficien a todos.
A partir de ese momento, desde la conciencia de merecerlo todo, podrá elegir que desea manifestar en su vida, sea prosperidad financiera, bienestar emocional, o bienaventuranza. Y lo mejor es que no tendrá que elegir, podrá tener tanto como crea que se merezca. Y recuerde, es su derecho de nacimiento.

En adelante, al hacer lo que decida hacer, hágalo de corazón y con convicción en sus nuevas creencias, los resultados tal vez le sorprendan.

Amar a un Ser Humano

Amar a un Ser Humano

Andrea Weitzner

Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas; contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías, su dolor y sus anhelos; es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive son el producto de su ignorancia y su inconsciencia, y darte cuenta de que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido, que no puede confiar ni en si mismo; es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la Vida.

Amar a un ser humano es brindarle la oportunidad de ser escuchado con profunda atención, interés y respeto; aceptar su experiencia sin pretender modificarla sino comprenderla; ofrecerle un espacio en el que pueda descubrirse sin miedo a ser calificado, en el que sienta la confianza de abrirse sin ser forzado a revelar aquello que considera privado; es reconocer y mostrar que tiene el derecho inalienable de elegir su propio camino, aunque éste no coincida con el tuyo; es permitirle descubrir su verdad interior por si mismo, a su manera: apreciarlo sin condiciones, sin juzgarlo ni reprobarlo, sin pedirle que se amolde a tus ideales, sin exigirle que actúe de acuerdo con tus expectativas; es valorarlo por ser quien es, no por como tu desearías que fuera; es confiar en su capacidad de aprender de sus errores y de levantarse de sus caídas más fuerte y más maduro, y comunicarle tu fe y confianza en su poder como ser humano.

Amar a un ser humano es atreverte a mostrarte indefenso, sin poses ni caretas, revelando tu verdad desnuda, honesta y transparente; es descubrir frente al otro tus propios sentimientos, tus áreas vulnerables; permitirle que conozca al ser que verdaderamente eres, sin adoptar actitudes prefabricadas para causar una impresión favorable; es exponer tus deseos y necesidades, sin esperar que se haga responsable de saciarlas; es expresar tus ideas sin pretender convencerlo de que son correctas; es disfrutar del privilegio de ser tu mismo frente al otro, sin pedirle reconocimiento alguno, y en esta forma, irte encontrando a ti mismo en facetas siempre nuevas y distintas; es ser veraz, y sin miedo ni vergüenza, decirle con la mirada cristalina, "este soy, en este momento de mi vida, y esto que soy con gusto y libremente, contigo lo comparto...si tú quieres recibirlo".

Amar a un ser humano es disfrutar de la fortuna de poder comprometerte voluntariamente y responder en forma activa a su necesidad de desarrollo personal; es creer en él cuando de si mismo duda, contagiarle tu vitalidad y tu entusiasmo cuando está por darse por vencido, apoyarlo cuando flaquea, animarlo cuando titubea, tomarlo de las manos con firmeza cuando se siente débil, confiar en él cuando algo lo agobia y acariciarlo con dulzura cuando algo lo entristece, sin dejarte arrastrar por su desdicha; es compartir en el presente por el simple gusto de estar juntos, sin ataduras ni obligaciones impuestas, por la espontánea decisión de responderle libremente.

Amar a un ser humano es ser suficientemente humilde como para recibir su ternura y su cariño sin representar el papel del que nada necesita; es aceptar con gusto lo que te brinda sin exigir que te dé lo que no puede o no desea; es agradecerle a la Vida el prodigio de su existencia y sentir en su presencia una auténtica bendición en tu sendero; es disfrutar de la experiencia sabiendo que cada día es una aventura incierta y el mañana, una incógnita perenne; es vivir cada instante como si fuese el último que puedes compartir con el otro, de tal manera que cada reencuentro sea tan intenso y tan profundo como si fuese la primera vez que lo tomas de la mano, haciendo que lo cotidiano sea siempre una creación distinta y milagrosa.

Amar a un ser humano es atreverte a expresar el cariño espontáneamente a través de tu mirada, de tus gestos y sonrisas; de la caricia firme y delicada, de tu abrazo vigoroso, de tus besos, con palabras francas y sencillas; es hacerle saber y sentir cuanto lo valoras por ser quien es, cuánto aprecias sus riquezas interiores, aún aquellas que él mismo desconoce; es ver su potencial latente y colaborar para que florezca la semilla que se encuentra dormida en su interior; es hacerle sentir que su desarrollo personal te importa honestamente, que cuenta contigo; es permitirle descubrir sus capacidades creativas y alentar su posibilidad de dar todo el fruto que podría; es develar ante sus ojos el tesoro que lleva dentro y cooperar de mutuo acuerdo para hacer de esta vida una experiencia más rica y más llena de sentido.

Amar a un ser humano es también atreverte a establecer tus propios limites y mantenerlos firmemente; es respetarte a ti mismo y no permitir que el otro transgreda aquello que consideras tus derechos personales; es tener tanta confianza en ti mismo y en el otro, que sin temor a que la relación se perjudique, te sientas en libertad de expresar tu enojo sin ofender al ser querido, y puedas manifestar lo que te molesta e incomoda sin intentar herirlo o lastimarlo. Es reconocer y respetar sus limitaciones y verlo con aprecio sin idealizarlo; es compartir y disfrutar de los acuerdos y aceptar los desacuerdos, y si llegase un día en el que evidentemente los caminos divergieran sin remedio, amar es ser capaz de despedirte en paz y en armonía, de tal manera que ambos se recuerden con gratitud por los tesoros compartidos.

Amar a un ser humano es ir más allá de su individualidad como persona; es percibirlo y valorarlo como una muestra de la humanidad entera, como una expresión del Hombre, como una manifestación palpable de esa esencia trascendente e intangible llamada "ser humano", de la cual tu formas parte; es reconocer, a través de él, el milagro indescriptible de la naturaleza humana, que es tu propia naturaleza, con toda su grandeza y sus limitaciones; apreciar tanto las facetas luminosas y radiantes de la humanidad, como sus lados obscuros y sombríos; amar a un ser humano, en realidad, es amar al ser humano en su totalidad; es amar la auténtica naturaleza humana, tal como es, y por tanto, amar a un ser humano es amarte a ti mismo y sentirte orgulloso de ser una nota en la sinfonía de este mundo.

Mundo Maravilloso

Amigo Esencial

 

Te invito a un paseo por este mundo maravilloso

Me siento orgulloso de pertenecer a el.

Deseo que tu sientas lo mismo.

 

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