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Esencialmente humano

Miedos

Miedos

Paulo Coelho, en "El Alquimista", escribió,

"Sólo hay una cosa que hace que un sueño sea imposible de alcanzar: el miedo al fracaso."

El miedo es a menudo parte de nuestra vida cotidiana, de forma consciente, e inconscientes.

¿Alguno de estos temores se identifican contigo?

 El miedo al fracaso (le impide intentar)

 El miedo al éxito (te sabotea cada esfuerzo)

 El miedo a hacer el ridículo (no te permite hablar abiertamente) 

El miedo de hablar (te impide que otros vean su brillantez)

 El miedo a la soledad (te empuja a las relaciones malsanas)

 El miedo de la pobreza (confunde sus decisiones financieras o crea adicción al trabajo)

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

El milagro de curarnos.

El milagro de curarnos.

El milagro de curarnos.

 En algún momento de nuestra vida, quizás no todos, pero sí la mayoría, sufrimos una enfermedad. El concepto que tenemos sobre ella no es un pensamiento más. Es una creencia, la de estar poseídos por una fuerza que no nos pertenece y que nos ataca. Si bien esta creencia es universal, no todos la vivimos de la misma forma. En occidente, ha sido reforzada por la presencia de un sistema médico que ha obtenido un gran poder que lo ha legalizado colectivamente.

 Podemos decir que la enfermedad es un invento. Como la luz eléctrica. La luz siempre existió pero lo que hizo el hombre fue poder manejarla y eso le dio poder. El malestar orgánico o emocional siempre existió pero lo que hizo la medicina fue clasificarlo y eso le dio poder. La creencia sobre la enfermedad no sólo es la de una fuerza que nos ataca, sino que a partir de esa clasificación, es la de una fuerza que un grupo de personas (los científicos-médicos) puede dominar. O por lo menos ostenta un saber sobre ella y puede ejercer influencia sobre su evolución.

 Esta influencia ha crecido desproporcionadamente en relación al saber. Actualmente las llamadas enfermedades son desmesuradamente influenciadas por la acción médica sin que haya un saber que sustente lógicamente esa influencia. Se actúa sobre ellas sabiendo muy poco sobre el origen de la enfermedad y mucho menos sobre el sentido de la misma.

 Pensemos en un simple resfriado. Se atribuye a un virus, pero no se lo combate a él, sino al resfriado. Se lo trata de abortar. Se usan antihistamínicos para que las secreciones disminuyan y muchas veces antibióticos porque se habla de alergias bacterianas o complicaciones infecciosas imposibles de comprobar. Esta metodología que influencia el curso de la enfermedad se basa en la misma teoría que sostiene que el Sol gira alrededor de la tierra; la observación superficial de un fenómeno sin preguntar nada sobre las características del objeto sobre el cual el fenómeno actúa. Si la Física dependiera de los médicos, hoy seguiríamos creyendo que a la mañana el Sol está en el este porque a la tarde giró alrededor nuestro.

Pensemos en un tumo, un pedazo de carne que sobra. Los métodos médicos que influencian su destino se basan en la misma teoría de observación superficial y de ausencia de preguntas sobre las características del sujeto enfermo. El pedazo de carne está de más y hay que eliminarlo. Si no se puede con cirugía, se arrasa con drogas o radiaciones. Los físicos no manejan la medicina y los médicos terminan por creer que una resonancia magnética es una observación profunda. Se sigue observando el fenómeno y no la naturaleza ni el sentido del fenómeno.

 Es así que ahora hay dos creencias: el malestar es una fuerza que viene de afuera y se puede influenciar sobre esa fuerza con un saber que se llama científico.

 Volvamos al resfriado. Pensemos que quizás no es un virus el que lo produce (la fuerza externa), sino que es una de las formas que tiene el organismo de descargarse de una tensión que lleva demasiado tiempo acumulada. No hay fuerza externa. Los virus ya estaban y uno no se contagia de nadie, sino que son ellos los que comandan esta forma de descargarse. Esto no significa que no haya virus extraños al organismo y éste intente rechazarlos porque no los reconoce. Los virus son cadenas de información y si traen una información extraña e irreconocible, el organismo se niega a aceptarla y se produce el rechazo de la misma. Pero esto no es lo que ocurre en un resfriado común.

 

La medicina, en lugar de entender esto, ataca los síntomas para que el sujeto vuelva a la cadena de producción lo más pronto posible. Los médicos se comportan como aliados de un poder que exige productividad sin interesarse por la verdadera recuperación del cuerpo enfermo. El paradigma del agente externo como causa siempre presente de la enfermedad sirve a los mismos fines. Si hay un agente externo debe haber un poder que lo pueda combatir. Y ese poder es la científica medicina.

Quizás si esto hubiera quedado allí, tendríamos esperanzas de salir de esa trampa. Pero, lamentablemente, la influencia de la acción médica sin un saber lógico que la sustente generó tantos nuevos saberes vacíos que estamos atrapados en una red que se retroalimenta de otras disciplinas y de otros saberes. La religión, la Filosofía, la Psicología, aportan nuevos saberes a esta interminable creencia de la enfermedad como fuerza externa y a la existencia de un grupo que tiene un saber sobre ella.

Escuchamos conceptos que parecen valiosos: "Debemos aceptar la enfermedad si vamos a luchar contra ella." "La enfermedad es poderosa pero más poderosa es la salud". "La salud es el silencio de los órganos". "La enfermedad es un mal que debemos saber combatir". ¿Quién podría negar el valor de esas frases? Sin embargo, no sirven de nada. Son saberes que se basan en una creencia vacía. Y no porque no se pueda defender esa creencia, sino porque ya no sirve más.

En este contexto, nos han quitado la libertad de elegir. En la historia de la humanidad siempre hubo bandos, romanos y griegos, árabes y españoles, buenos y malos, perversos y normales, nazis y judíos. El ser humano podía optar, aún cuando esa opción fuera equivocada. Ahora es imposible elegir, ya que se trata de nosotros o los virus, enemigos invisibles que destruyen a todos, sin excepción.

 Las organizaciones mundiales encargadas de la salud avisan que futuras pandemias son inevitables y elaboran mapas con colores cada vez más intensos y tenebrosos. La humanidad toda enfrenta al enemigo invisible y no hay opción. Por primera vez, en cientos de años, se está tomando conciencia que no es la tierra la que está en peligro, sino esta especie que se ha creído excepcional y que ahora viene a enterarse que su desaparición es posible. La génesis de Adán y Eva ya no calma los temores de una especie que ha inventado el concepto de enfermedad y ahora el concepto en sí mismo la está arrasando.

 La fuerza externa que nos viene a destruir supera ampliamente el saber autorizado del grupo de personas que la combate. El concepto se escapó de las manos y tiene vida propia. La gente ya no se muere de la enfermedad, sino del miedo que el concepto inventado le genera. El miedo no da tiempo a que la enfermedad actúe y nos mate, ya que crea por sí mismo una realidad mortal. Así lo relata el cuento sufí:

 "Un sabio sentado en la cumbre de una montaña, ve pasar una sombra y pregunta: ¿Quién eres? La sombra le contesta: "Soy la peste". ¿Adonde te diriges? "A matar mil personas de ese poblado". Bueno, ve y mata. A los pocos días, el sabio se encuentra con un hombre y le pregunta: ¿De donde vienes? "Huyo de aquel poblado que ha sido atacado por la peste y ha matado treinta mil personas" Bueno, ve y huye. A las pocas horas, vuelve a pasar la sombra y el sabio lo detiene. Oye tú, me has engañado, dijiste que matarías mil personas y has matado treinta mil. ¿Porqué? La peste le responde: "No es cierto, yo sólo maté mil personas, el resto murió de miedo."

 Como médico he presenciado muchas veces el fenómeno de una persona que en pleno estado de salud y por hallazgos casuales (pruebas de rutina o un médico demasiado inquisidor) ha sido diagnosticada de un tumor en hígado, pulmón o mama. A los pocos días de ese hallazgo, el estado de salud había empeorado dramáticamente. He visto a algunas personas morir en poco tiempo luego del diagnóstico. Eso es miedo, no es cáncer. Ese es el concepto que se le ha escapado de las manos al grupo de científicos que ostenta el supuesto saber de la enfermedad. Y ese concepto se ha desbordado y ha creado una realidad autónoma entre otras cosas, porque se ha colectivizado. Se ha vuelto un saber popular.

 ¿Quien no ha escuchado alguna de las siguientes frases?: "El cáncer de páncreas, cuando te lo diagnostican, ya es demasiado tarde"; "la quimioterapia te mata las células malas pero también las buenas"; "yo sé que me voy a morir, lo que no quiero es sufrir"; "nunca conocí a nadie que se salvara"; "la enfermedad avanza"; "hay que hacer algo", y tantas otras. El saber colectivo sobre la enfermedad no se diferencia mucho del saber de los médicos, muchos de los cuales jamás se harían (y lo dicen públicamente) el tratamiento que le indican a los pacientes.

 Actualmente se escuchan muchas voces que cuestionan este concepto de la enfermedad, pero la mayor parte de las veces son ignoradas, reprimidas o tergiversadas.

 Es en este contexto que debemos dejar de pensar en nuevos instrumentos contra la enfermedad para comenzar a pensar en un nuevo concepto de la enfermedad. Se gastan miles de millones de dólares en investigar y producir drogas cada vez más nocivas para la salud de la humanidad y no cesan de aparecer variantes de la misma enfermedad que no responden a esas drogas o las llamadas nuevas enfermedades sobre las que ni siquiera se tiene alguna droga con la que experimentar.

 La ciencia se nota perdida y actúa sin lógica. Sólo intenta sacarse de encima un problema inmediato sin pensar en las implicancia futuras de su proceder. No interactúa con el resto de la sociedad que mira azorada la injusticia del poder del que participa. El gobierno que invierte doscientos mil millones de dólares anuales en productos farmacéuticos es el mismo que gasta tres millones de dólares por minuto en armas, mientras deja morir quince niños de hambre en esa misma cantidad de tiempo. La ciencia médica usa el mismo presupuesto manchado de sangre e injusticia. Y en esa confusión trata a los virus con la misma filosofía del gobierno que la sustenta: usa armas mortales.

Es justamente ese nuevo concepto de la enfermedad, el que nos va a permitir salir del atolladero en el que el viejo concepto nos ha metido. Si luchamos contra la enfermedad, luchamos contra el mensaje que pretende curarnos. Cuando una mujer se nota un bulto en la mama, debe parar toda actividad y preguntarse qué le viene a decir ese bulto. Y si no lo sabe, debe recurrir a alguien que la ayude a interpretar ese mensaje. No debe salir corriendo en busca de ese personaje que detenta un saber sobre la enfermedad porque eso la cristaliza en el viejo concepto. Y a partir de allí, solo puede esperar que se instale una guerra en su cuerpo. Y el bulto no vino a declarar la guerra, sino a evitarla. Y no es que no debe hacer nada o curarse psicológicamente. Debe instalar la paz en su vida porque el bulto así se lo está exigiendo. Y eso no es poco, pero es mucho más de lo que la medicina pretende con su viejo concepto de instalar una guerra entre el cuerpo de esa mujer y el cuerpo de esa mujer.

Los poseedores del saber sobre la enfermedad se escandalizarán ante semejante propuesta. " ¡No hay tiempo que perder!; ¡Si no actuamos ahora, su vida corre peligro!" Y comenzarán a citar estadísticas, no solo fraudulentas, sino aterradoras. Algunos optarán por hablar de los adelantos de la ciencia y nos citarán con absoluta seriedad los anticuerpos monoclonales, los hibridomas y la fusión entre los linfocitos B y los tumores. Suenan orgullosos de saber tanto. Y es un saber vacío, porque es eficaz contra el único mensaje que pretende curarnos. Pero además es un saber corrupto, montado en la sangre de millones de seres humanos, que en lugar de salvar sus vidas, la pierden definitivamente.

No es una lucha entre los que saben y los que no sabemos. Es una lucha entre dos conceptos; el de una humanidad que se destruye a sí misma y el de una humanidad que pretende sobrevivir.

la mujer del bulto en la mama deberá elegir y optar por quimioterapia, radioterapia y cirugía y así seguir avivando el viejo concepto que nos está destruyendo o podrá hacer un verdadero cambio en su vida y dejar de sufrir por su hija que la ignora o por su esposo al que no ama. En ese cambio habrá entendido el mensaje de ese bulto que viene a decirle: " ¡No pongas más el pecho!; ¡Deja de ser madre y acepta ser mujer!; ¡Libérate de ese hombre al que no amas!"

"¿Pero quién me da las garantías de que el bulto no crecerá o que sus células se irán a mi cerebro o a mis huesos?", dirá la mujer envuelta en las informaciones científicas, pero a la vez en la realidad de conocer a tanta gente que sigue ese camino. "Nadie", se le responde, "absolutamente nadie". Desde el viejo concepto (la enfermedad como fuerza que nos destruye), se le citarán estadísticas sobre lo que le podría pasar si no hace lo que el grupo que sabe le dice que haga. Desde el nuevo concepto (la enfermedad como mensaje para sobrevivir), se le pedirá confianza en que si hace los cambios que debe hacer, se curará. No parece ser muy interesante la opción.

 Es así que la mayor parte de la gente opta por intentar hacer las dos cosas o parte de ellas o casi ninguna de ellas. O lo que sucede con frecuencia, opta por el viejo concepto y cuando ya no obtiene respuesta de él, se vuelca al nuevo concepto. ¡Cuánto miedo!

 Filosóficamente, cualquiera de estas opciones viola uno de los principios en los que se funda la realidad, el de la no contradicción: "Una cosa no puede ser y no ser a la vez". Llamativamente, buena parte de los médicos del viejo concepto están apoyando estas opciones como si con ello colaboraran con la salud del paciente.

Sin embargo, esa es la realidad. El psicoterapeuta Mario Litmanovich dice claramente: "¡Necesitamos médicos sin miedo!; esa es la única manera de salir del atolladero". Creo también que necesitamos pacientes sin miedo.

Es desde este lugar que proponemos el milagro de la curación. Milagro viene del latín y su origen es asombrarse. Curación proviene de cuidado. De eso se trat, el asombro de cuidarnos, de protegernos, de no quedarnos solos y sentir miedo. Allí aparece el asombro. Todos estamos entrelazados y somos la humanidad. No somos el paciente enfermo, somos la humanidad enferma. Y entonces aparece el cuidado. La necesidad de tratarnos comos almas, no como cáscaras.

 El médico alemán Hamer repetía en sus seminarios una presentación que siempre culminaba con un frase: "Necesitamos médicos de manos calientes que hagan de la medicina un acto sagrado". Allí estaba el centro de su propuesta. Sagrado siempre es citado como originado en sacrificar, pero el sacre es un ave de rapiña. Y así se llamaba al halcón en épocas antiguas. Un ave sagrada cuyas uñas retorcidas le permiten sobrevivir hasta que madura y se vuelven inútiles. Allí debe tomar la decisión de arrancárselas con el pico si pretende sobrevivir. Si lo hace, vive una nueva vida, una nueva oportunidad de ser joven y sagrado.

El milagro de curarnos es eso. Volver a nacer fuera de nuestros roles y percibirnos como almas que se relacionan con almas. Dejar de ser hijos, esposos, madres, padres, médicos, abogados, exitosos, fracasados o perversos. Y renacer como almas con cuerpos que son usados, no descuidados.

Para ello, estamos acá. No para descubrir vacunas, sino para tomar conciencia d e lo que somos y hacia donde vamos.

 

NOTA..Articulo del Dr. Fernando Callejón nació en Rosario, Argentina, en 1955. Se graduó de médico en la Universidad Nacional de Rosario en el año 1980. Cursó estudios de Psicoanálisis y Antropología Filosófica. En 1995, asistió a los seminarios dictados por el Dr. Ryke Geerd Hamer. Fue presidente del primer curso de Nueva Medicina en la Argentina en el mismo año. Dicta cursos y conferencias a nivel nacional e internacional.

La Psicogenealogía

La Psicogenealogía,  una entrevista con Alberto S. Arenales

Alberto, tu trabajo con el árbol genealógico en qué consiste?
¿Qué es la Psicogenealogía?


La Psicogenealogía  es para mí una arte terapéutica que al mirar con respeto nuestro  árbol genealógico nos desvela el hilo de Ariadna que nos une íntimamente a nuestra familia y nos conduce a la médula de nuestros conflictos para poder reconocerlos y resolverlos.

¿De qué manera nuestra familia influye en nuestros conflictos?

Desde que nacemos pertenecemos a una familia que tiene una historia, unas creencias, una forma de amar y de relacionarse únicas a veces tan complejas y enredadas como un laberinto.

Todo esto nos impregna y nuestros padres proyectan y crean en nosotros sin ser conscientes unas expectativas a las que nos vamos a adaptar simplemente para ser amados, para pertenecer a la familia al igual que nuestros padres hicieron con los suyos.
De este modo muchas veces para seguir siendo amados renunciamos a aquello que nos acerca a la realización y es cuando entramos en conflicto entre lo que realmente queremos y lo que se espera de nosotros.

¿Y qué se espera de nosotros ?

En realidad que seamos felices.
Lo que sucede es que normalmente venimos de una familia que no ha conocido la felicidad en su totalidad, no se han visto realizada en todos sus aspectos, entonces renunciamos nosotros también a ella o acabamos realizando deseos que no son nuestros.

¿Cómo va a afectar esto en nuestras vidas ?
Muy a menudo nuestros conflictos son el reflejo de la falta de realización de nuestra familia.
Esto nos impide realizarnos como nosotros queremos.
Somos fieles y permanecemos encerrados en la torre que construimos con nuestra familia y como el Minotauro miramos desde allí con nostalgia un horizonte lleno de belleza pero que no nos permitimos alcanzar.
 ¿Y cómo es posíble ?

Por falta de conciencia. Muchas veces el deseo de conseguir aquello que nos proponemos es mayor  y salimos de esa torre en busca del amor, la prosperidad, la salud o el placer con la ilusión de conseguirlo.

Pero entonces el mapa que nos guía hacia la salida del laberinto es el mismo que heredaron nuestros padres de generación en generación y a menudo esta tan estropeado, es tan confuso o le faltan tantas partes que acabamos trazando sobre este el mismo u otro  recorrido tan equivocado como en el que, sin saberlo,  se  perdieron también nuestros ancestros.

Así volvemos de nuevo a lo conocido sin realizarnos. Tomar consciencia de las motivaciones y los caminos que tomaron nuestros antepasados nos revela cual es nuestra  vía de realización auténtica. 
¿Estas diciendo que los problemas que tenemos son culpa de nuestra familia?

No. Nuestra familia no es culpable de nada, eso sería como culpabilizarnos a nosotros mismos. Cuando como Teseo vamos introduciéndonos en el laberinto de nuestro árbol genealógico nos damos cuenta que en realidad lo que hay es falta de conciencia.

¿Entonces, de qué tenemos que tomar conciencia?
La  mayor parte de los procesos terapéuticos se centran en una toma de conciencia de uno mismo,  de los mecanismos internos que perpetúan la rigidez  que no nos deja vernos a nosotros mismos ni a los demás. Ciertamente muy importante. Pero parte de mi trabajo con el árbol genealógico es acompañar a las personas a despertar a una conciencia mayor.

Una conciencia  transgeneracional. Ensanchar nuestra mirada más allá del  nosotros, traspasar las fronteras del tú y el yo  para poder entrar en una conciencia que contemple estos vínculos que aunque están más allá del espacio y el tiempo presente son muy poderosos y a la vez tremendamente sanadores cuando los descubrimos.
 
¿Cómo podemos encontrar la curación en nuestro árbol?

 Nuestro árbol genealógico se asemeja a los cuentos maravillosos que nos contaban las abuelas al amor de la lumbre. Estos cuentos tradicionales están  poblados por infinidad de paisajes, personajes y reinos extraños; a veces terribles, mágicos o hechizados y que conforman un universo propio.

El cuento somos nosotros mismos. En realidad  princesas, brujas, ogros, gigantes y reyes son partes que pertenecen a nosotros mismos. El cuento nos va a ayuda con su lenguaje onírico a  poder integrarlas, nos va conducir con su lenguaje al poder de transformación que reside en nosotros mismos.

Igual que en un cuento, nuestros familiares conforman en nosotros una historia y un paisaje psíquico y emocional del cual participamos, somos los héroes de un relato que pone en escena los aspectos profundos y esenciales de nuestra familia.

Esta historia genealógica contiene unos personajes y una estructura propia semejante a un cuento pero que a menudo esta perdida, prohibida o desviada y nos mantiene hechizados sin poder liberarnos.
La curación consiste como en un cuento en despertar del encantamiento y transformar aquellos personajes que nos habitan de ogros y brujas a  príncipes y princesas.

 
Cuando hablas de tu trabajo, he oido la palabra "integrativo".
¿A qué te refieres? ¿Por qué has añadido el término integrativo?

Nuestro árbol genealógico es un organismo vivo.
Respira, siente, crece y se transforma continuamente.
Tan antiguo y milenario que a veces no logramos reconocer ni la rama en la que descansamos. Tiene tantas y es tan frondoso que a veces estamos enredados en él y no distinguimos la copa de las raíces. Nuestro trabajo es recorrer este árbol, reconocerlo, integrarlo y nutrirnos de él.
Sigo sin comprender...

Una vez mientras paseaba por un jardín un pájaro cayó preso enredándose en unas zarzas. El jardinero que pasaba por allí quiso liberar al animal. Con sumo cuidado lo puso en libertad sin romper ni una sola rama y sin hacer daño al pajarillo.
Y con eso nos estás diciendo que...
He visto personas que trabajan en psicogenealogía y que se acercan con una mirada analista. No ven más allá de los datos que aporta la persona sin tomarla en cuenta ni a ella ni a su familia.

Se dedican a destripar tu familia como si de un cadáver se tratase y además te dicen que son ellos los responsables de tu sufrimiento.
En mi trabajo intento ser muy respetuoso con la persona que se acerca a mí y también con todo su árbol genealógico.
Pero...  ¿Y si sufro porque en la familia alguien se ha portado mal?
Pretender liberar al pajarillo podando las ramas es ser muy irrespetuoso con el entorno que te rodea. Es una barbaridad decirle a alguien que sus padres o alguien de su familia son los culpables de sus dificultades por que entonces siempre van a mirar al pasado con rencor.

Además no ayuda porque al final te genera una gran culpa.
Hay que mirarlos con aprecio y eso no es posible sin pasar por una transformación y allí es donde entra el termino integrativo.
Explícanos esto de la transformación.

Todo lo que rechazo se vuelve en mi contra. Mi árbol también soy yo, despreciar a mi árbol es despreciarme a mí. Pretender no pertenecer o no respetarlo es tener la soberbia de una montaña. Para llegar a la verdadera transformación he de ser humilde.
No puedo despreciar las raíces que me sostienen porque sencillamente son mis raíces, no tengo otras, y estoy aquí gracias a ellas.

Pero a veces nuestra familia nos pide que obedezcamos, que hagamos cosas que a veces nosotros no queremos.
¿Cómo voy a ser tolerante con eso?

No hay que confundir amar a los padres con someterse a ellos.
Tú hablas de tolerancia. Hoy en día nos hablan de esta palabra como un valor, pero no es cierto. Nos han vendido gato por liebre y nos han cambiado la palabra respeto por tolerancia.  Tolerar es ser permisivo y yo no permito que me insulten sin embargo soy respetuoso con los que me insultan. Es distinto.

De acuerdo, pero los insultos duelen. ¿Qué hago con eso?

Reconocerlo ya es mucho. Aquí llegamos al primer paso para llegar a la humildad que es la conciencia. Darme cuenta de que es lo que pienso, siento y deseo y responsabilizarme de  ello.
Este es el primer paso para la transformación. Muchas veces lo mas complicado es llegar a este punto.
¿Por qué es tan complicado?

Mi trabajo de transformación con el árbol genealógico va en dos direcciones. El de las raíces y el de las ramas. Una es tomar conciencia, reubicar, reubicarse y nutrirse de las raíces, aquí estoy hablando del árbol genealógico y la otra el trabajo de las ramas que es tomar conciencia  y nutrirse de uno mismo.
Muchas veces el trabajo con las ramas es un impedimento para tomar de las raíces y viceversa. El trabajo con las ramas pertenece al “Yo” como individuo que muchas veces aunque empezó alimentado por las raíces es capaz de ser independiente y autónomo.

Al trabajar en psicogenealogía  tenemos que diferenciar cuales fueron las causas y  las circunstancias de mi familia a las cuales obedezco y soy fiel y por otro lado cual ha sido mi forma de hacerlo y adaptarme a este entorno. 

Parece que hay una distinción entre un yo individual y otro familiar. 

Yo creo que van de de la mano. Como en un árbol hay una rama principal que es el tronco y esta después se ramifica en sus ramas, estas no solo dependen de las raíces depende también del entorno al que están expuestas y  van a adaptarse con pinchos o con hojas blandas dependiendo del exterior.

Mi adaptación al entorno es mi carácter, mi ego que se muestra en forma de múltiples mascaras y no depende exclusivamente de las raíces. Hay que tomar conciencia, trabajar  las raíces y las ramas para que nuestros frutos en la vida sean ricos y dulces.

¿Algo dulce para terminar esta entrevista tan rica?

Lo más dulce del mundo es compartir nuestras riquezas.

Grácias por compartir las tuyas con nosotros.

Soltar

Soltar

Cuando soltamos nuestras batallas y abrimos nuestro corazon a las cosas que suceden tal y como son, 

entonces podemos descansar en el momento presente.  Este es el comienzo y el final de la practica espiritual  -Jack Fornfiel

 
 
Soltar es algo desconcertante para la mente e inaceptable para el ego. Por eso, muchas personas que sienten hoy la necesidad de soltar, lo experimentan y contemplan como un reto casi imposible. Pero no es asi. Lo cierto es que soltar es lo natural y lo que emana espontaneamente de nuestro interior en un determinado momento de la evolucion espiritual. Y nuestro verdadero ser lo exige con claridad cuando se llega a ese estadio concreto del devenir consciencial.  Por eso, para soltar, basta con fluir y dejarse llevar por lo que brota de nuestro interior mas hondo y sagrado. Se comprende entonces desde el Corazon que ya no queda otra alternativa y opcion que desapegarse. Desapegarse y vaciarse de todo. Incluso de uno mismo y del enorme peso que nos mantiene atados a una realidad que no es mas que un sueno aplastaste, una colosal Matrix, que nos vuelve cadaveres vivientes –muertos que entierran a sus muertos- que se suenan viviendo.
 
Soltar todas las referencias preestablecidas y todos los sistema de creencias; soltar conceptos y esquenas mentales; soltar imagenes y formas; soltar la ilusion de que somos espirituales por aferramos a la idea de la espiritualidad; soltar la cruz y la vela, el incienso y el padre nuestro; soltar las palabras que nos atan al rezo a un Dios exterior y ficticiamente separado de nosotros mismos; soltar guias, canalizadores y maestros; soltar templos costosos que albergan la salvacion; y soltar practicas y cultos farragosos que nos muestran un camino predefinido por otros para acercarnos a ese Dios pretendidamente distante.
 
Soltarnos de la gran mentira de que precisamos de un trabajo y unos ingresos para poder vivir (con cuanta frecuencia se confunde vivir con sobrevivir, que es lo que se hace en la Matrix); soltarnos de la ilusion de que necesitamos una pareja, una familia o unos amigos para ser felices; soltarnos de las inercias, comodidades y protecciones con las que nos hemos apresado a nosotros mismos en la carcel de maxima seguridad de nuestros miedos; soltarnos de toda la pelicula que nos han pintado desde el comienzo de nuestros tiempos, convirtiendonos en marionetas de un titiritero; soltarnos de todos los cuentos que nos contaron y nos siguen contando para que continuemos chupandonos el dedo.
 
Soltar todo lo que provoca resistencia: mientras haya resistencia, no podras fluir; soltar cualquier tipo de lucha: si sigues empenado en luchar contra algo, contra lo que sea, no podras crear; soltar cualquier clase de miedo: en tanto haya miedo en tu vida, de cualquier especie, no gozaras de Libertad; soltar deseos y anhelos; soltar tambien rechazos y renuncias; soltar la necesidad de soltar.
 
Soltar para Confiar en la Vida...
...Y, al fin, soltarnos de nosotros mismos hasta Ver la luz que siempre fuimos y Somos y constatar la divinidad de nuestra naturaleza esencial. Cuando se comprende esto, lentamente y sin alternativa, como un inmenso globo que solto las amarras, el vuelo comienza y se despliega de instante en instante. Y todo en nosotros y a nuestro alrededor se transforma y transfigura en Amor.
 
No puede ser de otra manera. Ahora, tras soltar, observas desde donde no hay nada inventado, fijado, controlado, programado. Ya no eres tocado ni alcanzado por nada ni por nadie. Y solo observas. Observas en Soledad (la Edad del Sol) y Silencio. Observas sin distraccion, sin temor, sin deseo. Observas sin palabras, sin forma. Y observas hasta, incluso, dejar de observar para integrarte absolutamente en lo observado. Y en ese preciso momento tomas consciencia de la Consciencia y de que eres el Todo!
 
Entonces no hay vuelta atras posible. Has hecho tuyo el Poder de Soltar y asistes al maravilloso Milagro del desapego completo. El vaciamiento llena tu Vida, que ya no es tal, sino la Vida misma. Y contemplas todo de modo diferente, pues se desvanecen los velos y disfraces que tapaban lo Real. En ese instante, una nueva vision de la realidad aparece ante ti. Y todo lo que fuiste, eres y seras se descubre ante tus ojos nuevos. Todos los tiempos y el destello mismo del tiempo se abren esplendidos.
 
Ya todo es claro e intensamente pleno. Y te inunda un Amor que no es describible. El Amor que se expande desde la Sabiduria de que nada es ajeno a ti y nada se halla fuera de ti. Tu eres todo lo mirado y observado, sin excepciones. Estas unido a Todo y no hay diferencia alguna entre el Todo y tu. Y te inunda el discernimiento de la ficcion que supuso todo aquello que llamaste yo, me, mi, mio o mi.  Ceso todo. Se habra expandido aquello que se considero  tu en algun instante del momento presente continuo en el que lo eterno se desenvuelve. Al unisono, se difuminara cualquier idea de identidad, sea fisica, almica o espiritual, individual o colectiva. Consciente del Poder de Soltar, amaras y viviras la Vida como jamas pudiste sonar, sin perder detalle, sin desear nada e, igualmente, sin renunciar a nada de lo que la Providencia -tu verdadero ser en accion- y la propia Vida -no tu programacion mental- te pongan por delante. Y se posara suavemente y para siempre en tu Corazon el Vivir Viviendo, que es la unica verdad de la Vida en cualquier plano y Dimension que se experiencie. 
 
Vivir Viviendo: irradiando permanente Amor; conectado a todo lo que existe; desplegando la Divinidad que Somos y Todo Es; en constante estado de dicha, gozo y extasis, siempre con entusiamo y la maxima energia vital; invulnerable e incontaminable ante lo que sucede; con la absoluta certeza del resultado que produce cualquier accion; testigo imparcial de la Evolucion de la Creacion en todas las escalas y niveles bajo el perpetuo impulso del Amor.
 
Vivir Viviendo: la unica verdad de la vida; la verdad de que solo vale la pena Vivir para Vivir!
 
Emilio Carrillo

Mente-Cerebro-Cuerpo

Mente-Cerebro-Cuerpo

¿Es posible curarse utilizando el poder de la mente? Planteada la pregunta de esta manera, lo más probable es que suscite respuestas opuestas. La mayoría de científicos consideran la mente como un producto del cerebro, que poco o nada tiene que ver con la enfermedad del cuerpo y sus órganos. Llegan a aceptar que ciertos estados de ansiedad, estrés, depresión puedan ocasionar ulceras de estomago, asmas bronquiales, ciertas colitis o una vaga predisposición a enfermar. Por otra parte, algunos científicos piensan, al revés, que el cerebro es un fruto de la mente. Los primeros esgrimen que la mente no es nada sin el cerebro, ya que cuando este se lesiona aquella deja de funcionar, desaparecen los pensamientos, se pierde la memoria y se cercena la voluntad. Los segundos reflexionan que un cerebro sin la mente y sus contenidos es como una cinta magnetofónica vacía, que no posee la información para generar los pensamientos, los sentimientos, las sensaciones, las intuiciones, en definitiva la melodía de la vida. Pero, en cualquiera de los dos casos, a la mente y el cerebro se les dota de unas propiedades específicas sin la existencia de una conexión entre ambos, que sirva para explicar el por qué enfermamos y en consecuencia cómo podemos curarnos. Pero si consideramos que la mente y el cerebro forman una unidad que se extiende al resto del cuerpo, y que los tres no funcionan por separado o ejerciendo un control jerárquico de uno sobre otro, obtendremos más elementos para comprender el papel de la mente en nuestras dolencias. En este conjunto unitario formado por la mente, el cerebro y el cuerpo, nuestro sistema nervioso no solo captaría las sensaciones de nuestro entorno y efectuaría el movimiento con los músculos correspondientes, sino que incluiría una representación tridimensional de las vísceras u órganos del cuerpo en diversas áreas cerebrales, ejerciendo un control sobre su regulación funcional y sobre su permanente renovación celular. En caso de aceptar esta triada, formada por la psique, el cerebro y los órganos, esta ha de funcionar en plena armonía para mantener un buen funcionamiento del cuerpo y conservar la salud. Piénsese, por ejemplo, que en este preciso momento suceden miles de reacciones bioquímicas en nuestro cuerpo, millones de células se mueren para ser suplantadas por otras en un crecimiento ordenado siguiendo un patrón de referencia que les indica el momento de su división, la forma y las funciones que van a desarrollar, para conservar la anatomía de los órganos y sistemas corporales…etc. Para tal finalidad se necesita un programa especial que ordene la información que trascurre por los tres niveles, proporcionado sentido y significado a nuestros actos y a las percepciones de los mismos y los sintonice con nuestro propio cuerpo. Y ese programa es la conciencia. La conciencia es el pegamento que une, es una inteligencia innata que aglutina y ordena todos los mecanismos para que nuestro cuerpo se regenere cada día y para que nuestras funciones fisiológicas estén de acuerdo con las circunstancias de nuestro medio; recoge la memoria que nos sirve en el presente y nos prepara para el futuro; nos ofrece las referencias para que nuestras emociones nos ayuden a conocernos mejor, y finalmente, nos proporciona la imaginación necesaria para mover nuestra voluntad hacia una mayor plenitud y trascendencia. Así, ante todo signo y síntoma que exprese nuestro cuerpo en las enfermedades puede ser considerado como efecto de un estado de conciencia que ha polarizado la suficiente información para generar cambios en nuestro psiquismo y en nuestras células. Por tanto, hemos de identificar concretamente esa información, de manera que podamos reconocer que toda enfermedad es un proceso psico-físico con cambios en los órganos y en nuestro psiquismo, generados por situaciones que han movilizado nuestras más profundas emociones, situaciones que han puesto en peligro necesidades básicas para mantener la vida como la nutrición real o simbólica, la estructura o la valorización y movimiento o contacto. Sin olvidar, en absoluto que en toda dolencia o sufrimiento se ha de encontrar el significado de nuestra existencia en este maravilloso Planeta en cada uno de los acontecimientos que nos suceden y, también, en cada una de nuestras aflicciones.

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Parto vertical, lo más natural

La mejor forma de dar a luz-Parto Natural de Pie

http://www.nsfwyoutube.com/watch?v=NMmBUUs-rA8

El parto vertical, se asocia con una reducción notable del dolor y, de la duración de la fase inicial del parto, favoreciendo la salida del bebé.

Cada vez son más las clínicas y centros especializados que, proporcionan a las mujeres la posibilidad de dar a luz de forma tradicional o mediante el parto vertical (sentada o en cuclillas), considerado por muchos expertos como la forma más natural de traer un hijo al mundo.

Aunque parece una técnica novedosa, si investigamos un poco descubrimos que el parto vertical era la posición más frecuente en la que parían las mujeres hace siglos.

Antigüedad vertical, gravedad natural

De hecho, antes de que se conociera la anestesia epidural, el parto vertical era el más frecuente porque, se creía que la postura vertical facilitaba la expulsión del bebé con menos esfuerzos de la madre.

Los conocimientos actuales de fisiología han demostrado que el parto vertical, al permitir la acción de la fuerza de la gravedad dentro del útero, permite que el nacimiento del bebé sea más rápido y menos traumático.

En posición horizontal (tumbada), la pelvis de la mujer se retrae haciendo el proceso de alumbramiento más difícil. Sin embargo, en el parto vertical la fuerza de la gravedad facilita la dilatación, por la presión que ejerce el bebé sobre el canal del parto.

En posición vertical la vagina se amplía y acorta, pero además la presión de la cabeza del bebé sobre el cuello del útero ejerce un efecto hormonal que estimula la producción de oxitocina, y por tanto la dilatación.

La posición vertical acorta y amplía el canal del parto, permite que las articulaciones de la cadera se abran más para dar paso al bebé, facilita sus movimientos de rotación y permite que la fuerza de la gravedad le ayude en su descenso. Episiotomía y fórceps son procedimientos técnicos que sustituyen la fisiología de la mujer y la gravedad con evidentes y penosos efectos secundarios para la madre y el bebé.

Estudios recientes han determinado que en el momento del empuje final, la madre flexiona sus rodillas, lo que facilita el nacimiento del bebé, sin recibir tracciones ni rotaciones de cabeza, a diferencia de la técnica que emplea el fórceps.

Cada vez son más los especialistas que se decantan por las ventajas del parto vertical y también la OMS (Organización Mundial de la Salud) no está de acuerdo con el parto en posición horizontal porque la madre no puede controlar de la misma forma su cuerpo y por tanto ella y el bebé sufren más durante todo el proceso.

Ventajas verticales y desventajas naturales

No existe un consenso unánime entre los especialistas sobre qué método de traer un hijo al mundo es el más adecuado.

Para los defensores del parto vertical, la posición es ideal porque supuestamente la fuerza de la gravedad ayuda al bebé a descender a lo largo del canal del parto.  Se producirían menos desgarros y el alumbramiento sería más rápido.

Los defensores también sostienen que el parto vertical transcurre de una forma más rápida que el parto horizontal.
La ventaja del parto vertical es principalmente que es el parto más natural y beneficioso tanto para la madre como para el bebé, entonces

¿Por qué no está tan extendido?

No existe aún un estudio clínico científico y randomizado (basado en la evidencia) que pueda demostrar la superioridad del parto vertical frente al más común en occidente, el parto horizontal.

Según algunos especialistas, en esa posición el médico tiene menos control sobre el proceso sobre todo, en el supuesto caso de presentarse alguna complicación, como puede ser el sufrimiento fetal.

También afirman que la acción de la fuerza de la gravedad no es superior a las propias contracciones de parto, que se producen de forma natural tanto en una como en otra postura.

Conclusiones

Hoy en día, muchas mujeres están reclamando esta nueva forma de dar a luz, así como el parto en el agua también va ganando cada día más adeptas.

En el fondo escoger la forma de parir es algo muy personal, cada modalidad tiene sus pros y sus contras, tanto para el médico como para la madre y el bebé, dependiendo de muchas circunstancias.

En nuestro país, esta modalidad ya se lleva a cabo en algunos hospitales como el Hospital Costa del Sol de Marbella, y ha servido para que el grupo de profesionales al frente de este proyecto sea premiado por UNICEF como "Hospital amigo de los niños y las madres".

En estos hospitales se le ofrece a la madre elegir de qué manera quiere dar a luz a su bebé, contando con toda la asistencia médica necesaria, en el caso de algún tipo de complicación.

Las mujeres interesadas en tener a su hijo mediante un parto vertical, deben consultar a su médico para que les oriente sobre hospitales y centros privados que están especializados en el parto vertical, la opción más natural.

Beatriz Lores

Doctora en Biología, especializada en Promoción de la Salud y Medicina Natural.

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